Nº 1164 -  20 / VI / 2013 
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Retablos financieros

España, relegada en la reactivación

Primo González
 

Después de que Angela Merkel se subiera el sueldo casi un 7% y de que el flamante recién estrenado presidente de Francia se rebajase el suyo un 30%, los emolumentos de uno y otro casi se igualan. El movimiento refleja un cierto simbolismo de lo que empieza a ser la Eurozona de después de la crisis: Alemania está exultante, optimista y casi eufórica, con un PIB que crece casi en solitario dentro de los países del euro mientras Francia gravita en medio del estancamiento. No está tan mal como los periféricos (Italia, España,…) pero está claro que Sarkozy no ha dejado bien las cosas en el país de Bonaparte. Alemania empleó los últimos años en sembrar de inversiones el Este de Europa y esa alianza se está revelando altamente ventajosa.

La formación del Gobierno francés ha deparado novedades que posiblemente tienen más de folclóricas que de efectivas. La drástica bajada de los salarios anunciada por Hollande en su primera reunión del nuevo Gabinete se ha acompañado de la presentación de un interesante código de conducta para cargos públicos que es toda una declaración de principios y que bien podría servir para que los gobernantes de otros países tomaran buena nota. Y lo cumplieran. Pero ahora lo importante es la calidad de las políticas que el nuevo Gobierno francés tratará de impulsar desde su privilegiada atalaya de miembro influyente del núcleo duro de la Unión Europea.

De momento, el titular de Economía ya ha declarado que no le entusiasma el pacto fiscal que los alemanes han declarado intocable y por cuyo filtro han pasado o están pasando aún todos los miembros de la UE, con ajustes de gastos de dimensiones históricas. Francia, sin embargo, insiste desde el primer suspiro de su nueva etapa presidencial en impulsar políticas de crecimiento, aunque de momento nadie sabe muy bien cómo las va a materializar ante la ausencia de capacidad financiera.

La Eurozona, y no sólo España, vive una seria y preocupante crisis de financiación, con el sector privado prácticamente ausente de la vida económico en lo que a inversión atañe. Todos los informes trimestrales de estos primeros meses del año ponen el dedo en la misma llaga: no hay inversión, no hay proyectos suficientes para impulsar el empleo, no hay recursos disponibles para que la locomotora europea funcione al ritmo que demandan las circunstancias.

Alemania ha sido una excepción sólo parcial, aunque su recuperación económica interna se ha dejado notar solamente en los países del Este europeo, verdaderos beneficiarios del aumento de las exportaciones hacia el mercado alemán en los últimos meses. Los países del Este, como Hungría, República Checa, Eslovenia, Polonia y algún otro, han sido objeto de masivas inversiones en los años 90 y en fechas más recientes por parte de las grandes empresas alemanas. Y es ahora cuando esas inversiones están mostrando su eficacia, traducidas en fuertes aumentos de la exportación desde estos países hacia el mercado alemán. Este año, varios países del Este europeo están incrementando sus exportaciones a Alemania de forma espectacular, en contraste con crecimientos mucho más débiles en España.

Esa especie de colonización económica del Este de Europa está dejando ver ahora los efectos que causa en aquellos países que, como España, se habían beneficiado en los años 60 y 70 de su alta competitividad, atrayendo capitales alemanes que luego se convertían en exportaciones, pero que ahora ya no cuentan con el beneplácito de unos costes competitivos. Salvo el turismo, la influencia de la locomotora alemana se está notando, y se va a notar menos, en España que en etapas anteriores. España perdió la carrera de la competitividad hace una decena de años, lo que se está viendo ahora de forma bastante nítida, cuando las industrias europeas verdaderamente competitivas están al otro lado de Berlín.

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