Nº 1466 -  18 / IV / 2014 
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Espacio de batientes

FARC y ETA, como al compás

José Javaloyes
 

Tiempo de simetrías y también de sincronías. De simetrías como las existentes entre ETA y la FARC, aparatos terroristas de originario cuño soviético, y de sincronías epocales por su lanzamiento – en el auge de la Guerra Fría –, y ahora mismo por otras cosas. Los narcoterroristas colombianos de las FARC acaban de saludar en Bogotá la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos mediante un atentado con bomba lapa contra Fernando Londoño, el ministro de Interior y Justicia en el último mandato del presidente Álvaro Uribe. Un atentado al que el ex ministro ha sobrevivido, pero no su conductor y su guardaespaldas, mientras medio centenar de civiles han sufrido heridas.

En esa misma ocasión se seguía discutiendo en el Congreso colombiano el debate para una reforma constitucional que permita la exculpación de los narcoterroristas que entreguen las armas. Y en el mismo compás de fecha, ETA – instructora del FARC en la preparación de explosivos, mediante monitores llegados a las selvas colombianas a través y con el apoyo de la Venezuela de Hugo Chávez –, se dirigía a la Unión Europea para que presione a los Gobiernos de España y Francia en pro de un diálogo directo.

No es descabellado entender que los etarras se hayan visto animados a su pretensión de que medie la Unión Europea, ante el resultado conseguido del presidente Santos por sus conmilitones de las FARC a través de la actual Venezuela, vistas las “paces” establecidas entre Juan Manuel Santos y el presidente Hugo Chávez. Una nueva relación ésta que ha modificado muy sensiblemente la continuidad entre los Gobiernos del ex presidente Álvaro Uribe y el actual, conducido por el que fue su eficacísimo ministro de Defensa, que llevó la lucha contra el narco-terrorismo a resultados nunca anteriormente conocidos.

La idea de que la mediación de Hugo Chávez haya conseguido una vía política para ese problema, ha hecho que se modifique de alguna sensible manera la política colombiana al respecto, alterando la rotundidad de la línea anteriormente y seguida de la cual fue Santos su más eficaz ejecutor.

Salvadas las obvias diferencias existentes entre uno y otro contexto nacional, el colombiano y el español, es de resaltar la similitud de expectativas en que están las FARC colombianas y la organización etarra para alcanzar la línea de la “respetabilidad política”. Son muy sensibles, sin embargo, las diferencias en que se desenvuelven unas y otras beligerancias contra los respectivos Estados, lo mismo que las propias respuestas de uno y de otro Gobierno a las correspondientes pretensiones.

Ocurre, en efecto, que mientras en el caso español –endosado por el Estado francés – la respuesta no es otra que la de que los etarras disuelvan su dispositivo y entreguen las armas, en el caso colombiano no ha podido menos que dejar a todos perplejos la declaración del presidente Santos tras del atentado contra su ex compañero de Gobierno, de que “no sabemos quién está detrás”. Lo neblinoso de la reacción presidencial sobre tal autoría lleva directamente a la demanda de otra respuesta. La de saber a qué lleva la nueva relación entre la Bogotá de Santos y la Caracas de Chávez, lanzadera del narcotráfico hemisférico. ¿Huele algo a podrido más allá de Dinamarca?

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