La prima de riesgo no se apea de las proximidades de los 500 puntos básicos, entre otras cosas porque los tipos alemanes a largo plazo siguen cayendo como consecuencia de la fuerte presión compradora que está reflejando el desplazamiento de los flujos de ahorro hacia la mayor economía de la Eurozona. Y mientras los tipos alemanes a largo plazo bajan, los españoles no dejan de subir, instalados ya por encima de la barrera macabra del 6%, un umbral en el que la economía española podría tener que recurrir a la ayuda de la Eurozona, como ya ha clamado de forma bastante explícita el titular de Economía, Luis de Guindos, ante sus colegas del Eurogrupo.
Los datos macro conocidos este martes refuerzan la confianza del dinero en este país, ya que se ha convertido en el principal valedor de la recuperación económica europea, mientras Francia e Italia han dado a conocer resultados mediocres e incluso de retrocesos. Y España está previsiblemente en la cuesta abajo, en la medida en que los recortes de gastos que aún está aplicando el Gobierno complican cualquier recuperación. España empezó tarde a ajustar su economía y el desfase con respecto a nuestros vecinos se está notando. Podría haber sido peor, pero por suerte Alemania, que es uno de nuestros principales clientes, sigue comprando productos españoles a buen ritmo.
La saludable situación del bund alemán, que esta semana ha llegado a reflejar una rentabilidad a largo del 1,45%, mínimo histórico, responde no sólo a la cada vez más saludable situación de la economía alemana, que ha dejado decididamente atrás la recesión, sino a la sensación de incertidumbre que se respira como consecuencia de la crisis de Grecia. Una crisis profunda del euro podría sumir a Europa en una situación económica bastante compleja y, en todo caso, de proporciones impredecibles. Es bastante probable que, aunque la crisis del euro puede ser mala o muy mala para todos, lo será menos para Alemania y bastante más para países de la periferia como España, Italia o Portugal. La fortaleza del bund alemán no es, por lo tanto, ningún capricho. Es la apuesta conservadora más realista que desarrollan en estos momentos los grandes inversores mundiales que aún optan por mantenerse en el complejo tablero europeo.
En este complejo escenario, que en el caso español se refleja en unos tipos a largo plazo en torno al 6,35% (máximo histórico desde nuestra entrada en el euro), el Tesoro acude este jueves en busca de financiación. Las subastas de títulos de deuda a medio plazo que se han convocado para este jueves afrontan las condiciones de mercado más duras de los últimos años, duras en cuanto a coste se entiende. Financiarse a tipos superiores al 6% a medio o largo plazo no resulta fácilmente sostenible para el país si al mismo tiempo tenemos que cumplir otros requisitos de estabilidad y equilibrio similares a los de nuestros vecinos.
Los costes financieros se están convirtiendo en una lacra que hunde nuestras expectativas económicas ya que el creciente stock de deuda nos aleja cada vez más del equilibrio presupuestario o de objetivos de déficit asumibles. En los dos próximos años, el stock de deuda frente a los inversores (españoles y extranjeros, aunque estos últimos son cada vez menos entusiastas del papel público español) irá en aumento de forma inexorable, debido a que seguimos gastando mucho más de lo que ingresamos en las arcas del Estado y, por ello, la diferencia debe financiarse en los mercados. Aunque España empezó la crisis con una posición de deuda sobre PIB envidiable, en la actualidad estamos aproximándonos peligrosamente al 80% de deuda sobre PIB, un endeudamiento que hará mucho más difícil la recuperación de la economía. Tendremos más plomo en las alas.