Nº 1661 -  30 / X / 2014 
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OPINIÓN

A la penúltima pregunta

José Javaloyes
 

¿Qué puede estar pasando con España cuando en la raya del mismo día se cruzaban este lunes el mínimo anual de la Bolsa y el máximo histórico de nuestra prima de riesgo, mientras el problema de Grecia demoraba indefinidamente su solución y la Alemania de Merkel se llama Andana  la víspera del viaje del presidente electo de Francia a Berlín para escenificar aun no se sabe qué sobre la dicotomía estabilidad versus crecimiento?

La cuestión no sólo estriba en qué va pasar, sino en saber qué ha pasado entre el último pronóstico de la Comisión Europea sobre la capacidad española para cumplir su compromiso sobre el déficit, horas antes de que el Gobierno de Rajoy hiciera las precisiones pertinentes sobre las medidas inmediatas que tenía en preparación, como garantías añadidas de propósitos y capacidad políticos de implementar en la debida forma el cumplimiento de lo acordado con Bruselas en los correspondientes plazos.

 

Dentro de ese cuadro del Ecofin el ministro de Economía viajaba ayer a la reunión con sus homólogos de la Eurozona para instar a la cooperación, mientras Grecia parece girar a una desenlace a la italiana, con un Gobierno tecnocrático – por la imposibilidad de componerlo con los mimbres salidos de las últimas selecciones – y se impone, en los cálculos de riesgo, un giro hacia la trivialización de las consecuencias que tendría para la Eurozona el hecho no improbable de que los griegos la abandonaran.

Y mientras todo esto pasa y sube la fiebre de la especulación sobre el euro, sobreviene la parálisis sonora de las manos italianas que tañen la cítara del BCE, musicando el brete español resultante de la herencia de unas siglas, las del PSOE, desde las que se acusa al actual Gobierno de despedazar el presente y el futuro de los españoles. De tal manera, los presidentes Monti en un turno, y Draghi en el suyo, desde la presidencia del Consejo de Ministros italiano el primero, y del BCE el segundo, aportan focos en los  que la prima de riesgo española alcanza cotas históricas.

 

Para recitales de discordia como los aflorados en la piel de toro, por los que quieren cobrar el precio de la propia derrota y elevan el revanchismo cainita poco menos que al rango de las bellas artes; para muestras tan cumplidas de disenso en donde los demás no suelen caer, nunca entre los demás faltan palmeros para darle temperatura al cotarro. Y dentro de este mismo contexto de tribulaciones nacionales, parece también llegada la hora de que, en otro orden de reconocimientos, se organice y convoque una suscripción nacional para levantarle un monumento al Comisario Almunia por sus arriesgadas aportaciones a la defensa de la ejecutoria española en esta tesitura, incluso al precio de incumplir sus estatutarias obligaciones de independencia y neutralidad …

A propósito de la entrevista de este martes en Berlín entre Hollande y Merkel, conviene recordar los tiempos aquellos en que el Gobierno español le tiraba de las orejas a los de la Francia de Chirac y la Alemania de Schröder porque incumplían lo pactado en la UE sobre los topes del déficit. Luego llegó Trichet al BCE y puso el precio del dinero lo suficientemente bajo para que Alemania saliera del atolladero en que entonces se encontraba y los demás se hartaran de cometer desatinos como la compra masiva de deuda griega sin auditar y las bacanales hipotecarias que han intoxicado los enladrillados activos de sus bancos.

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