Nº 1684 -  22 / XI / 2014 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada República de los Blogs Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Deportiva Información Parlamentaria Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias
 

OPINIÓN

Nuevas tormentas sobre Europa

Josep Borrell
 

Desde las elecciones en Francia, en Grecia ,en las locales italianas y también en el lander aleman de Schsleswig-Hosltein del pasado domingo 6 de mayo la tormenta político-económica-financiera se ha vuelto a agravar en toda Europa. En España el hundimiento de Bankia, la crónica de una muerte anunciada que no se quiso reconocer ni por el gobierno ni, lo que es peor, por el Banco de España, ha agravado la desconfianza sobre la situación real de nuestra economía. Las previsiones que ha publicado la Comisión Europea no dejan duda de que los objetivos de déficit no se van a poder cumplir ni de lejos, quedándonos este año y el que viene por encima del 6 %. Seremos el único país de la UE en recesión y las intervenciones que haya que hacer para salvar los naufragios bancarios no van a ayudar.

En una de mis anteriores crónicas, de regreso de la Conferencia de la Nueva Economía en Berlín, ya explicaba la preocupación sobre nuestro sistema financiero y la creencia de que mas pronto que tarde haría falta recurrir directa o indirectamente a la ayuda europea. Pero preferimos seguir jugando al avestruz y proclamar que todo estaba muy bien….hasta que llego el auditor y mando parar negándose a certificar la salud de un enfermo terminal.

En Bruselas se pide una auditoría externa independiente de nuestro sector bancario, como la que se hizo con el de Irlanda en el 2011, para saber cuál es la situación real de un sector al que cada dos por tres hay que reconocerle nuevas necesidades de recapitalización. Apenas tres meses después de haberles pedido 53,8 miles de millones de euros de provisiones suplementarias, ahora el gobierno exige a los bancos un nuevo esfuerzo de saneamiento para hacer frente a la toxicidad de unos activos inmobiliarios que aumenta a medida que los precios caen. ¿Cuánto se pedirá esta vez? Se especula con 30 o 40 mil millones pero, ¿serán los bancos capaces de hacer frente a esas exigencias sin ayudas públicas, o sin recurrir a fondos europeos, o cortarán más aún el grifo del crédito ?.

A cambio de esta mayor vigilancia europea sobre nuestros bancos, en Bruselas podrían flexibilizar los plazos para la reducción del déficit, dándonos un año más para llegar al 3 %, a sabiendas de que en todo caso será inevitable que así sea.

Además de la tormenta bancaria que se cierne sobre España, lo que preocupa más en Europa es el recrudecimiento de la crisis griega y la política que va a aplicar el nuevo gobierno francés de F. Hollande.

Si en París se abren importantes esperanzas, en Atenas aumenta la incertidumbre. Seis meses después del abortado referéndum propuesto por Papandreu, con una mezcla de temor, de cólera y de resignación, hartos de que Bruselas y Berlín les impongan sacrificios sin esperanzas, los griegos han acabado con el bipartidismo vigente desde la restauración de la democracia en 1974 en el que ND y Pasok, los únicos que defendían la política de austeridad impuesta como condición a los rescates financieros de la UE y el FMI, se venían sucediendo el uno al otro y de padre a hijo en cada uno de ellos. En su lugar, una coalición de izquierda radical (Syriza) se convierte en el segundo partido más votado, por delante del Pasok, y los neonazis de Aurora Dorada entran en el Parlamento con 20 escaños. Ambos piden la renegociación de los acuerdos con Europa para incluir políticas de crecimiento. Lo mismo que Hollande en Francia pero con mayores exigencias y menores fuerzas para conseguirlas.

El Parlamento de Atenas está tan fragmentado que nadie es capaz de formar un gobierno con lo cual lo más probable es que tengan que repetirse las elecciones. No es nada seguro que eso arregle algo. Y con ello aumenta la incertidumbre y la probabilidad de que al final Grecia tenga que salir del euro. En la City de Londres ya están apostando por eso y no es un secreto que los grandes bancos europeos que todavía tienen importantes posiciones en deuda y activos griegos preparan planes de contingencia para esa situación.

Grecia sola no saldrá del agujero político y económico en el que se encuentra. Si la expresión Plan Marshall para Europa puede resultar demasiado ambiciosa, una intervención de ese tipo es imprescindible para Grecia. Al precio de limitar, aún más, su soberanía para controlar la aplicación de ese plan.

En Francia una coalición implícita de socialistas, centristas y de la izquierda radical ha hecho posible construir una alternativa clara pero el agravamiento de la crisis griega ha reducido el margen de maniobra, ya estrecho, que tenía Hollande frente a Merkel.

Por eso toda la atención está centrada en su próxima reunión del martes. Merkel sigue asegurando que no va a renegociar el Tratado de rigor fiscal. Pero Hollande se ha comprometido demasiado con esa modificación como para ahora renunciar a ella a cambio de nada. La solución será con un protocolo anexo dedicado a las políticas de crecimiento que tendría el mismo valor jurídico que una modificación del Tratado.

Desde Berlín llegan señales de flexibilización. El Ministerio de Hacienda y el Bundesbank empiezan a aceptar subidas salariales para impulsar el consumo aun al precio de que la inflación alemana sea superior a la media de la eurozona y contribuya así a corregir las diferencias de competitividad de forma que el esfuerzo de ajuste no recaiga solo sobre los países deficitarios. Algo que hubiera sido imposible de escuchar hace unas semanas, antes de la victoria de Hollande en Francia.

Hollande ha conseguido ganar presentando un programa más a la izquierda que el del Psoe en España. Tenía la ventaja de que no había estado gobernando y el coste de la crisis se lo llevó Sarkozy. Su intento desesperado de ligarse a los electores del Frente Nacional, que en realidad no tenían ningún interés en consolidar a la derecha clásica en el poder, le hizo perder el centro que es donde se ganan las presidenciales francesas.

Hollande es sin duda una persona que ve lejos y aguanta el rumbo más que los que hablan fuerte y ceden pronto, como ese “cambiar el capitalismo” que anunció Sarkozy después de la quiebra de L&B y del que nunca más se supo.

Pero también Mitterrand prometió “cambiar la vida” y en menos de dos años los mercados financieros le devaluaron el franco varias veces hasta obligarle a cambiar de política y pasar de la expansión keynesiana a la política de “rigor” que es como entonces se llamaba a la austeridad. Ahora ya no hay franco que devaluar, pero las tensiones se han trasladado a los tipos de interés exigidos para financiar el déficit y por ese camino también se puede obligar a los gobiernos a cambiar de políticas. Buenas pruebas tenemos de ello en España.

En Italia, hasta el respetado y creíble Monti pide que se ponga un límite a la política de austeridad. Pide que las inversiones públicas queden fuera de la famosa regla de oro de déficit cero. Declara, ni más ni menos, que “Italia no es una colonia de la UE sino un país independiente” y anuncia un plan de inversiones para reactivar la economía del sur de Italia. Bien es cierto que el plan se financiaría con los fondos estructurales europeos que están por utilizar….pero a fin de cuentas es una respuesta activa contra la austeridad a la alemana.

Una política de austeridad que empieza a resquebrajarse incluso desde la misma Alemania. Vivimos momentos dramáticos para la economía y la sociedad europea. Para hacer frente a las tormentas que se ciernen sobre Europa no es posible “proponer a los europeos la austeridad como único horizonte político”, como decía Hollande desde la Bastilla reconquistada 31 años después de la elección de Mitterrand.

Poner en su lugar al sistema financiero en un país como Francia que tiene que pedir prestados 180.000 millones de euros para financiar su déficit este año no va a ser fácil. Ni combinar austeridad con crecimiento cuando la Deuda pública se ha doblado en 20 años hasta llegar al 85 % del PIB. En realidad, Francia aparece hoy ante los mercados financieros como la llave de la crisis de la zona euro. La capacidad de Hollande de inflexionar la política franco alemana sin producir una ruptura será determinante para el futuro de Europa.

 

 

Traducir artículo
LunMarMieJueVieSabDom
12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Aviso legal y contacto | Quiénes somos | Todos los derechos reservados © 2014

Portada Republica.com
Republica.com