Nº 1617 -  16 / IX / 2014 
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OPINIÓN

15M: Más motivos para indignarse

José Oneto
 

Decenas de miles de “indignados” se han manifestado en un centenar de ciudades de toda España, y en algunas capitales europeas en muestra de solidaridad han vuelto a tomar la Puerta del Sol y, por segundo día consecutivo, este domingo no han respetado el horario fijado por la delegación del Gobierno y a primeras horas de la noche seguían en el kilometro cero, reivindicando el espíritu del 15-M en su primer aniversario, defendiendo otra manera de salir de la crisis y protestando por las detenciones del sábado cuando la policía a las cinco de la madrugada, despejo la plaza de manifestantes.

Un año después se han repetido los mismos eslóganes, se han hecho las mismas peticiones y se ha vuelto a poner de manifiesto que el espíritu con el que nació el l5-M no solo no ha muerto sino que se ha fortalecido porque, en realidad, un año después nada ha mejorado, sino todo lo contrario.

La reforma laboral sigue generando paro, hasta el punto que los pronósticos sitúan la tasa de desempleo, en los próximos meses, por encima del 25 por ciento , y en la mítica cifra de los seis millones de desempleados, al tiempo que el paro juvenil supera el 46 por ciento, el doble que la media europea y son millones los jóvenes que ya han tirado la toalla desesperados y dan todo por perdido o hacen la maleta para irse fuera. Más de un millón setecientas familias están al borde de la exclusión social, porque tienen a todos sus miembros en paro y se cuentan por miles los ciudadanos que salen por la noche a las plazas públicas, medio escondidos, para recibir la ayuda alimentaria de Cáritas o de alguna ONG.

Los comedores sociales no dan abastos para atender a ciudadanos que ya han ha sido expulsados del precario mundo en el que vivían para formar parte de otro en el que nunca pensaron que podrían entrar. Decenas y decenas de familias son desahuciadas de sus casas a diario porque no pueden pagar la hipoteca, sin que los bancos muestren la menor sensibilidad a esas propuestas de dación en pago que tanto pregona el Gobierno.

Y, mientras tanto, sigue la prevención sobre la clase política, que sigue ocupando el tercer puesto en la lista de las preocupaciones de la ciudadanía, al tiempo que los líderes de los dos principales partidos se hunden en la desconfianza más absoluta. Según la encuesta de este domingo del periódico “El País”, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuenta con el rechazo del 73 por ciento de la población, con el agravante de que el líder de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba le supera en seis puntos, hasta llegar al 79 por ciento de españoles que le rechazan.

Y todo eso en un clima de corrupción y despilfarro generalizados- en lo que María Ángeles López de Celis llama en su nuevo libro “El síndrome de Ali Baba” (Editorial Espasa) – en ayuntamientos, autonomías, empresas públicas, y, diputaciones, con todo tipo de irregularidades, con el mayor descaro e incluso, si es precios, con el dinero de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE).

“Que no, que no, que no nos representan, que no” han vuelto a repetir a lo largo y ancho de España cientos de miles de ciudadanos indignados por el grado de deterioro de la vida pública nacional, por los recortes que, como siempre, están afectando a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, por el escándalo de un sistema financiero que tiene que ser rescatado por el Estado sin que aparezcas ningún tipo de responsabilidad, y ahí está el caso de “Bankia”, por el reparto del botín que se ha hecho en muchas Cajas de Ahorros, con indemnizaciones y pensiones multimillonarias, por la falta de esperanza y el grado de frustración, por la perversión , en fin, de una clase dirigente que, como en el caso del presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, investigado por una supuesta malversación de fondos públicos, sigue creyendo que gastar seis mil euros de fondos públicos en varios fines de semana en Marbella es una “miseria”.

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