Nº 1685 -  23 / XI / 2014 
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Espacio de batientes

¿Error a la desesperada?

José Javaloyes
 

Debe estar algo más que sólo intranquilo el presidente Obama respecto a sus probabilidades de reelección. Las variables que manejan sus asesores no permiten mirar hacia noviembre desde mínimos de desahogo y tranquilidad. Tanto que parece como si éstos, desde el proverbio “de perdidos al río”, consideraran necesario entrar ya por sugerir las apuestas de riesgo.

De no ser así se entendería menos aún la opción de dar entrada en su política el reconocimiento de la unión homosexual como matrimonio, tanto desde el punto de vista demoscópico – puesto que la opinión nacional al respecto aparece dividida al 50 por ciento -, como desde el orden de los principios morales por los que se orienta todo eso que se llama la “América profunda”. Y, en especial, el componente hispano y el afroamericano, en los que prevalece el rechazo a las uniones homosexuales en general y, específicamente, respecto a la conceptualización de éstas, cuando son estables, como vínculos matrimoniales.

Visto qué quisieron ser y en qué han quedado todas y cada una de las opciones de nueva frontera en un momento determinado del mandato presidencial de Barack Obama; es decir, el componente de fracaso advertido en todos y cada uno de los casos, fuera cual fuese la causa y razón de los mismos, todo es materia de balance y referencia obligada, bastante indeleble en el precipitado estadístico previsto para las votaciones en las urnas de noviembre.

Ocurrió con las relaciones norteamericanas en el mundo árabe desde la apuesta por la democratización, resuelta en un desenlace mayoritario de ventaja para los islamismo de toda laya y la caída de regímenes dictatoriales que en su negación o falsificación de las libertades mismas estaban más cerca de éstas que los postulados radicalmente antidemocráticos y anti-occidentales del discurso islamistas. Un discurso opuesto por definición a la propia idea de Estado – su paradigma organizativo es el Califato Universal -, y, en fin, un sentido de la política sometido al Corán, que propugna y establece como Constitución.

Y mientras en Afganistán hay que hablar más de retrocesos que de progresos, con Irán las cosas están como estaban, con toda la inseguridad que su enigma nuclear genera. Sólo la eliminación de Ben Laden es el logro indiscutible en la guerra asimétrica que Norteamérica libra contra el terrorismo. Y en lo que a la agenda asiática se refiere, es de notar el nuevo intento fallido de comprar con alimentos el inicio de la reconducción de Corea del Norte fuera del aventurerismo atómico en que persiste como riesgo para la paz del mundo.

Dentro del repaso a lo que puede llamarse la política exterior de Obama habríamos de anotar el notorio paso atrás dado en las otras Américas de al sur de Río Grande, especialmente con la falta de un discurso en defensa de la cultura de la seguridad jurídica como condición necesaria para el progreso y la pacífica relación entre los pueblos en general y los del mundo iberoamericano en particular.

En el orden interno, no es poco cuanto se ha conseguido para la positiva reorientación de la economía norteamericana, pero es notoriamente insuficiente en sí mismo y para absorber el fracaso encontrado en aquel su proyecto estrella sobre el sistema norteamericano de salud.

Es pobre el balance para encarar las urnas de noviembre con algo que se parezca a una suficiente confianza. Posiblemente, el más notorio valor de esas cuentas es el explicativo de la lanza que el presidente Obama ha roto en favor de la unión homosexual entendida como matrimonio. Una palabra ésta, matrimonio, que significa el alimento de la madre y que, por tanto, nada tiene que ver con la realidad de una relación variablemente estable en la que no se procrea nada y se destruye todo cuanto significa la familia como célula de la Sociedad. Pues el matrimonio no es otra cosa que el núcleo de esa célula.

Cabe concluir, por tanto, que al querer Obama congraciarse con la mayoría del electorado norteamericano, de la que tanto puede dudar por lo nada brillante de su propia gestión, ha hecho tanto como dispararse un tiro en un pie. Cabría hablar, como en el título de esta nota se dice, de un error a la desesperada.

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