Nº 1654 -  23 / X / 2014 
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Espacio de batientes

Paso de estado en Israel

José Javaloyes
 

Las pocas horas en que se ha sustanciado el pacto entre el Likud, partido mayoritario de la coalición gobernante bajo la dirección de Benjamin Netanyahu, y Kadima, el partido que surgió de una escisión del Likud y gobernó en la anterior legislatura, representa una importante inflexión en la política israelí. Tenido en cuenta que un día antes había anunciado Netanyahu su propósito de convocar elecciones anticipadas, buscando fortalecer la base política de su Gabinete, la rápida reacción de los “hermanos separados”, de Kadima, habrá que entenderla como reconocimiento de la seriedad de los motivos que habían llevado a la decisión gubernamental de convocar elecciones. Irán ha sido el catalizador del acuerdo entre unos y otros representantes del centro-derecha israelí.

Si un día fue la negociación de la paz con los palestinos, especialmente después de la Conferencia de Anápolis, dos meses antes de que George W. Bush saliera de la Casa Blanca, la tesitura desde la cual pareció que se tocaba ya con las manos el Acuerdo de Paz y el final establecimiento del Estado palestino, vino a suceder después que por directa instigación de la República Islámica de Irán, Hamás, fuerza gobernante en la Franja de Gaza, arreció críticamente en sus bombardeos con cohetes sobre el territorio judío. Los días en que 2008 acababa sobrevino la respuesta masiva de la fuerza aérea israelí, cuyos efectos políticos fueron más notorios aún que los daños materiales y que la sangre derramada, tanto entre los milicianos palestinos como en la propia población de Gaza.

El proceso de paz saltó por los aires y el propio Mahmud Abbás, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quedó literalmente a los pies de los caballos, perdida su autoridad entre la opinión árabe, aunque el agente principal del problema había sido Hamás, el equivalente palestino del libanés Hezbolá, el otro brazo armado de Irán en el mundo árabe.

La estrategia de Teherán había tenido pleno éxito: además de dinamitar el proceso de paz con los palestinos se había bloqueado la negociación de la paz con Siria, que técnicamente sigue en guerra con Israel, establecido en su desembocadura con la devolución de los Altos del Golán. Pero es que además de eso la jugada persa de ajedrez había conseguido, a resultas de la guerra misma de Gaza, que el Gobierno de Kadima, presidido por la señora Livni se viera obligado a convocar unas elecciones anticipadas que ganó por un escaño de diferencia, no consiguiera formar la suficiente base de coalición que le permitiera formar un Gabinete nuevo. Del estancamiento parlamentario aquel sólo se pudo salir por el arbitraje de Simón Péres, el presidente de Israel.

Y resultaba ahora que la sobrevenida tensión en el Oriente Medio por causa del bloqueo occidental a la República Islámica de Irán, por causa del desacuerdo sobre el programa nuclear iraní, ha devuelto de algún modo el problema, en términos de política interna judía, a las condiciones que existían en la primavera de 2009. Habrá sido Kadima la fuerza política que volviendo sobre sus pasos de entonces se ha abierto al consenso con el Likud que entonces no fue posible.

¿Qué ha hecho posible este pacto de Estado subsiguiente al anuncio de Netanyahu de que convocaría nuevas elecciones? Parece claro que sido el “factor persa”, desde el punto y hora en que la tensión regional sobrevenida por el bloqueo ha enervado en términos de política interna de Israel, las ya crónicas amenazas iraníes contra la propia subsistencia del Estado judío. Bravatas a las que la presente crisis regional por el asunto nuclear otorga un potencial de riesgo equiparable al supuesto de un ataque preventivo contra los centros industriales iraníes involucrados tanto en la potencial fabricación de su bomba atómica como en la preparación de los vectores teóricamente capaces de llevarla igual sobre Israel que contra un objetivo europeo.

En esta última particularidad del problema se cruzan los signos del pacto de Estado en Israel y del acuerdo occidental para el establecimiento del escudo antimisiles, al que fue incorporada la base de Rota tras la reforma de éste realizada por la actual Administración demócrata norteamericana.

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