La Vanguardia, con la firma de uno de sus articulistas de cabecera, Jordi Barbeta, explicaba ayer que Cataluña debe rebelarse y lo justificaba con el título: “Bankia 7000, Cataluña 0″. Tamaña barbaridad de concepto y de dimensión produce perplejidad y preocupación. Esto va peor de lo que parece. Bankia y Cataluña no son conceptos homogéneos ni comparables y Barbeta no puede deslizarse hacia el desvarío a poco que piense.
Si se trata de criticar los apoyos oficiales a bancos y cajas conviene ir con cautela. Las cajas catalanas llevan ya 4.000 millones de apoyos directos del FROB y el Fondo de Garantía a Cataluña Caixa y UNIM, sin contar lo que falta para a esta última entidad adjudicada al BBVA y lo que habrá que poner en el caso de la primera. Además están las partes alícuotas de Penedés y Layetana que se englobaron en otros proyectos, Bankia incluido. De manera que se puede sostener que la caja madrileña se llevará mucho apoyo, pero no que las cajas catalanas estén a cero. Peor aún, las ayudas a la madrileña incluyen también fondos en socorro por activos y pasivos catalanes incorporados en las cuentas de Bankia.
El desahogo de Barbeta es llamativo, indica mucha desesperación u ofuscación, especialmente el argumento reiterado al principio y al final del artículo de que sólo la rebelión “evitará la perdición”. ¿Qué comió ayer este hombre? ¿Rebelión desde el gobierno de la Generalitat? Entre el seny (la cordura) y la rauxa (el arrebato), hay una amplia gama de matices.
La búsqueda de un pacto fiscal federal puede ser legítima, Cataluña tiene derecho a gestionar sus impuestos, existe una balanza fiscal con déficit de Cataluña (o Madrid) respecto a España, pero si los hechos se presentan como en el artículo de Barbeta, apañados vamos, apañados van.
Al presidente de Extremadura se la fue la cabeza con la apelación a “los collons”, citando al alcalde de Barcelona en algún lugar impreciso a hora por fijar y arma por elegir. Y a Barbeta se le han los números y los conceptos. De barbaridad en barbaridad y tiro porque me toca.
Y no es menor barbaridad, esa práctica parlamentario de interrumpir, increpar, aplaudir como hooligans las intervenciones de gobierno y oposición en ese circo que llaman “sesión de control” que puede interesar a Tele 5 para uno de esos espacios de guirigay que gustan a su audiencia.
Visto lo visto se entiende que la encuesta del CIS refleje que los políticos y la política son el tercer problema de los españoles (tras el paro y la economía), y que su juicio sobre la calidad de la política sea malo o muy malo para el 60% y regular para otro 33%. Y se entiende que el 50% de los ciudadanos no tengan la menor confianza en los dos grandes partidos y más del 33% tengan poca confianza. Los que confían andan por el 15%, un suspenso sin paliativos, como para repetir curso o cambiar de carrera. ¡Qué vergüenza!