Nº 1138 -  25 / V / 2013 
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Espacio de batientes

Última réplica de Fukushima

José Javaloyes
 

En el universo informativo del último fin de semana, el “agujero negro” de las elecciones presidenciales francesas – que pueden cambiar el viento de la política europea frente a la crisis económica – se ha tragado el suceso alarmante, potencialmente enorme, de la parada japonesa de sus 54 reactores nucleares: fuente del 30 por ciento de la electricidad que consume el que fue Imperio del Sol Naciente.

El terremoto que el 11 de marzo del año pasado dañó en los términos sabidos la central nuclear de Fukushima y se llevó por delante más de 20.000 vidas entre muertos y desaparecidos, hacía sentir el pasado día 5 su última réplica – tecnológica, política y económica en esta ocasión – al ser desconectado el tercer reactor de la central nuclear de Tomari. El último que faltaba de cuantos componen el parque nuclear del país.

La magnitud de aquel cataclismo geológico, imponderable aun dentro de la sismicidad crítica de la geografía nipona – inserta en el llamado Círculo de Fuego del Pacífico -, ha sido el motor de una larga y profunda secuencia de continuaciones y réplicas; no sísmicas y sí de efectos económicos y políticos. Efectos que se muestran ahora capaces de alterar no sólo el equilibrio de su balanza comercial, por el disparado crecimiento de sus importaciones energéticas, sino la propia viabilidad del actual modelo de vida urbana en las grandes ciudades japonesas, gigantescas consumidoras de electricidad en los meses de verano. Muy especialmente en Tokio, la capital, cuya sostenibilidad funcional y energética se encuentra basada en la economía de costes que hacen posible las térmicas de fisión: costes sustancialmente inferiores, en lo económico y en lo ecológico, a los de las centrales convencionales de gas, petróleo y carbón.

Privado el que se llama “mix energético” de la potencia y economía de su componente nuclear, Japón se enfrentaría a un disparo insostenible de sus importaciones de energía fósil, de magnitud tal que la propia OCDE se ha dirigido a las autoridades niponas para advertirles del impacto ruinoso que ello tendría para su estructura económica, especialmente en términos de balanza comercial.

La alternativa de las energías renovables de nueva generación, principalmente la eólica, la termosolar y la fotovoltaica, no sólo precisaría de un tiempo para su maduración tecnológica de la que se encuentra lejos todavía, sino que implicaría sobrecostes cuya magnitud ilustra el dato del déficit de tarifa español, equivalente a más de 24.000 millones de euros, correspondiendo en más de su mitad a las primas con que han sido beneficiadas.

El aplauso coral con que las onegés ecologistas han saludado el parón de las centrales nucleares japonesas, resulta tan explicable por su propia guerra a la energía de fisión como por su mismo discurso contra la realidad del problema para las economías nacionales dependientes de los suministros exteriores de energía primaria. Y todo ello sin contar con los apremios resultantes – en el caso europeo, y especialmente el español – de la crisis económica y financiera por la atraviesa el conjunto de las mismas. En el fondo y en la forma, tal como se ve, el júbilo ecologista por la suspensión del funcionamiento del parque nuclear japonés se encuadra en el discurso global de las izquierdas contra todo aquello que corresponde, tal como dicen, a la economía y el pensamiento neoliberales.

Pero en lo que concretamente se refiere al apagón de las centrales nucleares niponas, susceptible de calificarse como “última réplica de Fukushima”, y en la que Japón se ve enredado en las complejidades administrativas y políticas de la autoridad trasferida a las autoridades regionales – con facultades dirimentes a la hora de autorizar la reactivación de los grupos nucleares no afectados por el maremoto del año pasado -, lo más relevante de todo ha sido el aviso de la OCDE al Gobierno japonés sobre el grave riesgo económico que supone el apagón atómico. El dicho de que “con las cosas de comer no se juega” es del todo aplicable a las cosas de la energía.

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