Es demasiado fácil imputar a Rodrigo Rato la situación de Bankia y no reconocer su gesto de responsabilidad presentando su dimisión para no constituir un obstáculo en el proceso de reforma financiera, inacabado, o quizás por la escasa comprensión y confianza de las autoridades en el plan estratégico de saneamiento.
Hay que mirar atrás y repasar los datos más significativos de la reciente historia de Caja Madrid y la estructura de su balance y, algo más adelante, el papel de coche escoba de pequeñas Cajas de ahorro, Ávila, Segovia, Rioja e Insular de Canarias y de la mayor, Bancaja, con el lastre del Banco de Valencia encadenado a sus cuentas.
La última etapa de Caja Madrid estuvo caracterizada por la tensión causada por su entonces Presidente, Miguel Blesa, que pretendió organizar un proceso electoral en su propio beneficio, tensión que se trasladó a las entidades fundadoras, Ayuntamiento y Comunidad, originando una crisis innecesaria que afectó a la estabilidad y al nombre de la entidad. Se tardó demasiado tiempo en su resolución y reveló una batalla política interna que la dirección de Génova tardó en resolver y no moduló en clave estrictamente profesional. Demasiada política por medio que todavía sigue contaminando las Cajas de ahorro.
Caja Madrid estaba actuando como Banca industrial, con inversiones en diversas empresas, tras la exitosa operación de su participación en Telefónica que le generó importantes plusvalías. Sin embargo, las adquisiciones realizadas después, SOS Cuétara, Mecalux, Iberia, NH, Realia, inversiones en América y Cuba, se han traducido en importantes minusvalías que han lastrado su balance junto con un crecimiento importante de créditos y préstamos fallidos que ha elevado la morosidad por encima del 5,8 por ciento. De todo ello no es responsable Rodrigo Rato que no tuvo nada que ver en la toma de ninguna de estas decisiones ni con los préstamos a Martinsa.
Cuando se crea Bankia, el Banco de España en el reparto que ha hecho de las Cajas de ahorro entre las entidades, endosó a Caja Madrid un paquete de pequeñas entidades y Bancaja, una entidad que había sido utilizada por el Gobierno valenciano como Banca Regional y que había financiado desarrollos inmobiliarios en dicha Comunidad con escaso rigor, estructurados sobre catillos de naipes. Dentro de Bancaja, como en las matriuskas rusas, venía el Banco de Valencia. Basta simplemente leer el Boletín estadístico del Banco de España para ver como Valencia y Cataluña se disputan el top con unos porcentajes de deuda en relación a su PIB en el entorno del 20 por ciento.
Esta absorción, empujada políticamente no solamente desde el Banco de España, si es anotable en el tanto de culpa de Rato, guiado más por su sentido de responsabilidad con el Estado y con el PP, derivado de su condición de exvicepresidente de Aznar, que por los fundamentales de la operación de absorción. La salida de José Luis Olivas hace escasas semanas puso de manifiesto que ni se habían enseñado todas las cartas ni se actuaba con la misma lealtad.
Conviene también recordar algunos datos básicos para que nadie se ampare en que desconocía la situación de Bankia. El accionista más importante sigue siendo Caja Madrid en cuyo Consejo de Administración están representados el PP, el PSOE e IU y los sindicatos mayoritarios y conocen o deben conocer la realidad de sus cuentas y del Banco Financiero y de Ahorro, entidad utilizada para aparcar como Banco malo los activos de riesgo de la entidad.
Bankia acudió al FROB aceptando el control retributivo impuesto por el Gobierno de Rajoy a las entidades que reciben ayudas. Un fondo de restructuración del que convendría releer, en los diarios de sesiones del Congreso, las intervenciones del PP y del PSOE en la convalidación del Decreto Ley que lo regula que fue pactado por Zapatero y Rajoy. Rubalcaba con sus declaraciones tremendistas, “si no hay dinero para la sanidad no debe haber un solo euro para los Bancos”, léase Cajas, padece un proceso de amnesia parcial de su etapa de vicepresidente: aquí todos han dicho y hecho una cosa y después han hecho y dicho lo contrario.
El problema sigue estando en el drenaje de los activos inmobiliarios. Las medidas del Gobierno, adoptadas hasta ahora, han sido tímidas y faltan más reformas estructurales que respondan a tres principios: reconocimiento de las pérdidas, liquidación real de activos y restablecimiento del mercado inmobiliario básico, con la ingeniería financiera, fiscal y urbanística necesaria para que exista un flujo eléctrico de movimiento normal. El encefalograma en este momento es plano.
Bankia va a ser objeto de una intervención parcial. Si la cifra que se baraja está en 5.000 millones de euros es una cuestión menor. A salvo que realmente tengamos otro juego de muñecas rusas y realmente estemos en 20.000 millones, cuatro veces más, el 2 por ciento del PIB.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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