Ahora que los españoles hemos visto pelar –en las urnas- las barbas políticas de nuestro vecino conservador Nicolas Sarkozy, a manos de su adversario socialista François Hollande, el presidente Rajoy debería de reflexionar y tomar buena nota de la lección francesa y de dura la derrota del candidato conservador porque el desgaste que sufre su liderazgo y su Gobierno en España -en los solo cinco meses de su presidencia- es preocupante y revela una pérdida de contacto con la realidad y con la sociedad.
Ya sabemos que Rajoy tiene tres años y siete meses por delante pero el despegue de su vuelo presidencial no ha sido bueno, y no solo por la herencia recibida –que conocía de antemano aunque lo niegue- sino porque no ha hecho un buen análisis de la situación y se ha equivocando en bastantes cosas creyendo que “la confianza” de los mercados vendría con él a España, y que las reformas y los duros ajustes sociales de su Gobierno iban a lograr los resultados y expectativas que no han llegado y que nadie sabe cuando van a llegar.
Pero sobre todo –y como le ocurrió a Sarkozy- Rajoy ha perdido contacto con la realidad y con los ciudadanos y ha dado la espalda a los medios de comunicación (Sarkozy los inundaba pero con modales poco apropiados) y al Parlamento negándose a dar las pertinentes explicaciones sobre su rumbo político al conjunto de la sociedad. Y se ha equivocado en la escena española y también en la internacional donde su silencio ante los grandes desafíos y su complacencia ciega con las políticas de Merkel y Sarkozy – ahora en revisión- nos han sumergido en una dinámica de ajustes y reformas muy duras que han aumentado la recesión y el paro, y cuyo horizonte final no acaba de verse con claridad, transmitiendo la impresión de que no existe un proyecto global y definitivo del Gobierno, sino golpes de timón con improvisaciones y algunas rectificaciones como las que el mismo Rajoy imputaba al anterior Gobierno de Zapatero.
El cambio político en la presidencia de Francia debe obligar a una reflexión pausada y puede que rectificación a Rajoy, a sabiendas que el problema español no solo es económico y social si no que también lo es político, institucional y de cohesión nacional, sin la cual resulta difícil imaginar una salida de la crisis en la que nos encontramos. Y sobre todo hace falta un Presidente que esté mas cerca del conjunto de la Sociedad, y particularmente de los que más sufren la crisis a los que el Gobierno de Rajoy aún no se ha acercado ofreciendo ayudas y soluciones como las que antes de las elecciones había prometido.
Es verdad que las próximas elecciones generales están lejos, pero los movimientos ciudadanos están ahí y no se pueden despreciar como no se puede obviar a la opinión pública ni el sentimiento de inquietud y desesperación de una gran parte de la sociedad, a base de la sola obsesión de la convergencia fiscal con la UE. La que ahora, con la victoria de Hollande, se puede reformar y relajar en pos de un nuevo calendario y medidas económicas y financieras que permitan salir de la recesión y avanzar en el empleo. Porque gobernar no es solo mandar, o algo unidireccional que va desde el Gobierno hasta la sociedad sino también dialogar, escuchar todas las posiciones de sus adversarios y de las minorías y sobre todo no huir de los ciudadanos, respetar la opinión pública (y también la publicada) sino vivir muy cerca del conjunto de la sociedad.