La victoria de Hollande en Francia confirma las encuestas y ratifica que en estos tiempos el ejercicio del poder desgasta y condena a la oposición a quienes ejercían, con poco acierto, el poder. Así ha sido en Francia, también en Grecia; y en las sucesivas elecciones regionales alemanas; y en las recientes municipales británicas y en buena parte de las citas electorales de estos tiempos. El caso andaluz, tan caro para la estrategia de Rajoy y del PP, supuso una excepción a esa tendencia, con factores locales que lo explican como como fracaso de la propia oposición, en mayor medida que el fracaso del partido gobernante, cuyas pérdidas no fueron suficientes como para perder el poder en ese viaje.
El voto de los franceses tiene consecuencias inmediatas para Europa y para España. El resultado no es determinante ya que la Cámara legislativa sigue en manos de los conservadores, al menos, hasta las elecciones legislativas de junio, pero el sesgo electoral y el poder del Presidente pesan demasiado en la República francesa.
Hollande no va a cometer los errores iniciales (luego rectificados) de su viejo patrón Miterrand en 1981, entre otras razones porque su programa es más pragmático y realista y porque la situación es distinta. Los gobiernos europeos de izquierdas, socialista o socialdemócratas, forman parte del sistema europeo y con distinto énfasis que los conservadores, mantienen un amplio espacio de coincidencias.
La cuestión ahora es como va a funcionar el eje franco alemán y el entendimiento entre la canciller y el nuevo presidente que, hasta ahora, han mantenido sonoro silencio y distancia entre ellos. Tampoco ha sido Sarkosy santo de la devoción de la señora Merkel (era una alianza de conveniencia e intereses, la más lábil de las que mantenido los políticos franceses y alemanes estos últimos sesenta años). Sarkosy invitó recientemente a Merkel a no ayudarle, a no decir ni pio sobre las elecciones francesas. Quizá ahora lamenta haber rechazado esa ayuda por un nacionalismo emocional y excesivo con el que imaginó que iba a ganar. No coló.
Hollande ha hecho gala de serenidad y madurez durante estos años de intemperie propia y del socialismo francés. Una virtud conveniente en estos tiempos, alejada de la verbosidad y dramatismo de su antecesor. Sarkosy no ha sido un buen amigo de España aunque el hayan entregado el toisón, no le vamos a extrañar. Otra cuestión es que desde Moncloa acierten a ordenar las relaciones con Francia y Alemania conforme a los intereses españoles. Vale con que siguen la pauta de González que fue muy fértil para España y olviden la pauta Aznar, que en este caso no sirve.
La nueva situación requiere, de paso, que Rajoy revise su posición respecto a Monti, ha querido marcar distancia, dar la espalda a los italianos apostando todo a favor de Merkel. Puede no ser el mejor camino a Berlín, competir con Roma como adversario puede alejar más que acercar. La reciente visita de Draghi a Barcelona y su conversación con Rajoy le habrá servido al presidente español para entender las sutilezas europeas que trata de captar a marchas forzadas.
La llegada de Hollande al Elíseo no cambia, necesariamente, nada pero abre la puerta a posibles cambios en los que España tiene un papel y algunas oportunidades si Rajoy acierta a jugar sus bazas.

Pablo Sebastián
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Marcello
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