Nº 1618 -  17 / IX / 2014 
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El Manantial

Hollande, merecido vencedor

Pablo Sebastián
 

“La austeridad no puede ser una fatalidad para Europa”, ha dicho el nuevo presidente de Francia, François Hollande tras conocer su victoria y marcando un nuevo sendero para la Unión Europea. Francia gira a la izquierda, Alemania y la UE deberán cambiar el rumbo y el ritmo del ajuste fiscal de la Unión y España se puede beneficiar de todo ello. Y también de la derrota de Sarkozy, quien no dudó en desprestigiar el nombre de nuestro país en la campaña electoral con un discurso agrio y a la desesperada con el que se acercó a la extrema derecha de Le Pen, y abandonó el centro y los valores democráticos y humanistas de la República como lo denunció el centrista Bayrou. Cambio importante, pues, en Francia (y Grecia donde ganó la derecha sin mayoría suficiente), y mucha atención a la valoración que los mercados harán este lunes del vuelco en las elecciones francesas porque a España también le afectará.

François Hollande, el hombre tranquilo de la izquierda y corredor de fondo de la política gala, es el nuevo y merecido presidente de Francia y el que mejor ha sabido entender los problemas actuales de los franceses (y de la europeos). Así lo decidieron sus conciudadanos en las elecciones presidenciales donde el 51,7 % de los electores dieron su voto al candidato de la izquierda, mientras Nicolás Sarkozy perdía la presidencia, desde el palacio del Elíseo, con el 48,3 % de sufragios, y después de una agria y errática campaña electoral donde no dudó en utilizar a España como arma arrojadiza en contra de Hollande mientras miraba hacia la extrema derecha en busca de los votos de Marine Le Pen, como se vio en el debate televisado donde un Sarkozy agresivo y errático mostró su rostro de perdedor.

La crisis, también se puede decir, se ha cobrado otra víctima en las elecciones presidenciales francesas como en las griegas acaba de hundir a los socialistas del Pasok en beneficio de la derecha y de una izquierda más radical. Pero también es cierto que Sarkozy no ha estado nunca a la altura de la Presidencia de Francia porque más que un estadista presidencial fue un activista partidario, con malos modales y varios enfrentamientos públicos y con los medios de comunicación donde no gozó de simpatía alguna, aunque contaba con el apoyo de los editores conservadores del país. Sarkozy se va de la presidencia y de la política (como lo anunció ayer mismo ante sus seguidores con una despedida sentimental) y deja a su partido la UMP en crisis y dividido, de cara a las próximas elecciones legislativas del 17 de junio. Una cita donde la derecha extrema de Marine Le Pen intentará competir con la UMP y entrar con fuerza y por primera vez en la Asamblea francesa.

Vuelco a la izquierda (que regresa a la Presidencia después de 17 años) en Francia –lo que puede ser contagioso en Alemania en próximas elecciones- y vuelco sobre todo en Europa que es lo que interesa a España y lo que puede permitir un relajamiento en la política de convergencia fiscal europea, como ya lo reconocía el comisario Olli Rehn hace pocos días y en previsión del cambio de presidente en Francia. Al igual que ya ha empezado a aceptarlo la canciller Ángela Merkel que en sus últimas intervenciones ha comenzado a hablar de medidas para el crecimiento como las que pedía Hollande y prepara la Comisión Europea para una próxima cumbre de la UE.

En cuanto a Hollande –que ayer mismo conversó con Merkel- lo primero que hay que decir es que tiene que completar el poder de la Presidencia con el de una mayoría parlamentaria de izquierdas a partir de los comicios legislativos de junio, si no quiere entrar en el proceloso terreno de la cohabitación, como ya lo vimos entre Mitterrand y Chirac. Luego deberá establecer un nuevo pacto con Alemania, como prometió, donde no se excluye la convergencia fiscal de la UE que él mismo había aceptado con el objetivo de déficit del 3 % para 2013 (Francia parte del 5,3 % actual y España del 8,5%), lo que a buen seguro permitirá un ritmo más suave para la convergencia del déficit en beneficio de países como Italia, España, Portugal, Irlanda y Gracia y exigirá medidas para el crecimiento.

En la política francesa Hollande prometió la vuelta a la jubilación a los 60 años (para los que cotizaron 41), más impuestos para las grandes fortunas, la banca y las transacciones financieras. Mucho más difícil le será al nuevo presidente francés cumplir con sus promesas de creación de nuevos empleos, más de 200.000. Unos compromisos en los que se incluye la retirada en este año de las fuerzas galas desplegadas en Afganistán y donde veremos como discurren las relaciones con España en materia antiterrorista y en el ámbito diplomático y económico.

Pare empezar Hollande ha defendido a España frente a los ataques de Sarkozy en la campaña electoral, pero sus relaciones con el PP de Rajoy no son buenas (se dice que Rajoy no quiso recibirlo en la Moncloa a petición de Sarkozy), mientras que con Rubalcaba sí mantiene relaciones políticas estrechas. Por ello el PSOE tratará de festejar la victoria de Hollande en Francia como un cambio de tendencia general –aunque la derrota del Pasok griego desmiente esa tendencia- en Europa y en un momento de franco desgaste del liderazgo y del Gobierno de Rajoy. Aunque en lo importante, que es la política económica y financiera de la UE, España va a salir beneficiada con la derrota de Sarkozy.

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