El partido Granada-Real Madrid acabó en escándalo y no por la alineación del Madrid, que hizo pensar en manipulación de la Liga. En Los Cármenes hubo expulsión de jugadores, lanzamiento de una botella de agua al rostro del árbitro por parte de un jugador y ello conllevará la suspensión de los implicados y, teóricamente, la pérdida de potencial para el último encuentro del campeonato en el que el equipo andaluz se medirá en Vallecas al Rayo, ambos amenazados por el descenso a Segunda.
En Granada adujeron, como gran argumento por su derrota, que el árbitro designado, Clos Gómez, es aragonés y el Zaragoza es uno de los implicados en los puestos del descenso. Nadie dijo nada cuando el entrenador del Madrid, el pintoresco José Mourinho, puso sobre el césped un equipo plagado de suplentes, lo que para los demás clubes en situación similar al Granada, de pérdida de categoría, era claro atropello. Para el Madrid parecía que lo único importante era que Cristiano compitiera como goleador con Messi, aunque para ello habría sido más coherente ayudarle con jugadores como Ozil y Xabi Alonso, que salió en la segunda mitad con Higuaín por Sahin y Kaká. Mourinho alineó a Adán, Albiol de lateral derecho, Carvalho y Varane en el centro y Granero como director del juego. Casillas, Pepe y Sergio Ramos, quedaron para mejor ocasión.
El Madrid venció. Cristiano marcó de penalti y el segundo, el de los instantes finales, lo hizo, Cortés, en propia puerta. La desgracia se cebó en el equipo granadino que había luchado por salvarse y se instaló en la victoria en el minuto 5 con el tanto de Jara.
En el partido se condenaron para el despido Kaká y Sahin aunque éste tal vez sea cedido. La polémica habría alcanzado dimensiones extraordinarias si hubiera ganado el Granada. Mourinho insultó a Manolo Preciado, entonces entrenador del Sporting, cuando en el Camp Nou reservó jugadores para otro más partido más decisivo. Lo de Mourinho en Granada pudo haber sido auténtico fraude.