Nº 1138 -  25 / V / 2013 
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Retablos financieros

Draghi pasa de largo sobre el caos

Primo González
 

La reunión itinerante que ha celebrado el Banco Central Europeo en Barcelona ha podido generar algunas expectativas positivas pero no ha adoptado ni una sola medida ni ha afrontado compromiso alguno de cara al futuro. Los banqueros centrales no suelen ser un dechado de transparencia, aunque la reclamen a los demás. Tampoco suelen anticipar las jugadas, simplemente toman las medidas cuando su efecto puede beneficiarse del factor sorpresa.

Mario Draghi, tercer mandatario del BCE desde su fundación, se ha mantenido fiel al guión que ha venido anticipando en las últimas semanas, lo que explica que haya dejado los tipos de interés estables porque la economía europea no acaba de arrancar, que haya eludido cualquier compromiso con nuevas inyecciones de liquidez al estilo de las subastas a 3 años realizadas en diciembre y febrero pasados y, en suma, ha echado algunas flores al Gobierno anfitrión, el español, animándole a seguir con el programa de reformas sin más matizaciones que las de aconsejar celeridad. En especial en lo que atañe a la reforma del sector financiero.

También ha querido subirse al tren del compromiso con las políticas de crecimiento, esa nueva oleada de expectativas que han levantado algunos cuando han visto acercarse al socialista Hollande al Elíseo, aunque un banquero central, si se trata de compromiso con las políticas de crecimiento, debería adjuntar alguna propuesta expresa para hacerlo posible. No hay compromiso posible con el crecimiento económico sin financiación adecuada. Y de esto no se ha dicho ni palabra. El empuje al estímulo de la economía está aún en el terreno de las palabras y no ha pasado la prueba de las decisiones. Draghi, en este sentido, ha decepcionado a quienes esperaban el anuncio de una agenda de medidas de apoyo al crecimiento económico, que hoy por hoy está inédita y que queda a expensas de lo que decida la próxima cumbre europea prevista para dentro de unas semanas.

En cuanto a la labor de análisis de lo que está haciendo el Gobierno español para sacar a la economía del marasmo, pocas valoraciones de enjundia ha desarrollado Draghi. El programa de reformas de Rajoy puede considerarse un tanto caótico, carece de hoja de ruta a medio plazo, está hilvanado en ocasiones bajo la presión de los acontecimientos y no tiene fecha de conclusión, todo lo cual redunda en un notable desconcierto entre los agentes económicos y es posiblemente una de las razones por las que las encuestas están dando los índices más elevados de incertidumbre entre los ciudadanos desde hace tiempo. Los índices de confianza están en caída libre.

A las inciertas medidas del Gobierno, que cada viernes amenaza con lanzar nuevas ocurrencias, se están uniendo últimamente las propuestas dispares de las Autonomías, en algunos casos discrepantes con las que adopta el Gobierno central, otras sencillamente contrarias.

Cataluña va por libre y se dedica desde hace algunas semanas a diseñar un modelo sanitario poco o nada cohesionado con el del resto de España. En Madrid, Esperanza Aguirre trata de poner los precedentes de todo lo que se le ocurre, quizás con la secreta esperanza de que Rajoy tome nota y lo aplique a escala estatal, como el asunto de los peajes de las carreteras. Los dirigentes de la Sanidad vasca han declarado abiertamente la guerra a las medidas anunciadas por el Ministerio de Sanidad español, sobre todo en lo que atañe a la asistencia sanitaria a los inmigrantes, asunto en el que se está desempolvando una cortina de hipocresía que merecería alguna clarificación desde la sensatez. Andalucía, que acaba de estrenar mandato del renovado Griñán, esta vez aliado con los votos de la izquierda comunista, anuncia por su parte nuevas iniciativas, en su caso volcadas en la promoción del empleo, como no podía ser de otra forma en una de las Autonomías más castigadas por el paro.

La dispersión de esfuerzos y ocurrencias se supone que tendrá que converger en un objetivo principal y único, la reconducción del déficit autonómico hasta la zona de compromisos. De momento, las medidas anunciadas parece que van en general en esa dirección, aunque queda la gran duda de por dónde va a tirar Andalucía.

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