Nº 1138 -  25 / V / 2013 
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OPINIÓN

Las Damas

Javier Pérez Pellón
 

Maquiavelo decía que “en política el ser fiel al pasado supone muchas veces ser traidor al porvenir”. Lo que caracteriza a la política, en su sentido general, que ha sido universal y eternamente más o menos maquiavélica es que niega y cuenta con las ideas y no con la conducta. “Para el naturalista, escribía Gregorio Marañón en su ensayo Liberalismo y Comunismo, publicado en la Revue de Paris el 15 de diciembre de 1937, pero con vigencia impresionantemente actual, la conducta lo es todo; y su conducta se estructura en torno del afán de la verdad. Por eso al naturalista no le importa lo que llaman los políticos equivocarse en cuanto esta equivocación se funda en la fidelidad a la conducta”.

Reflexiones ideológicas de principio que nos dan pie para asomarnos al mundo de las damas que en el campo de la política, de las finanzas y de la información están confundiendo, cuando no desequilibrando la confianza en los sistemas de vida a los que hasta ahora nos estábamos acostumbrando.

Ahí tenemos, por ejemplo a la Sra. Hillary Clinton, cornificada y despechada, esa que ha declarado ¡se necesita cara la tía! que sobre el caso Repsol en Argentina no podía opinar porque le faltaba información; cuando es notorio que “el gran hermano” del Pentágono conoce, en este mismo momento, lo que estoy escribiendo. Y es que, como decía Balzac, “las mujeres cuando no aman tienen la sangre fría de un abogado”.

Por continuar en el hemisferio americano, se nos presenta la Sra. Cristina Fernández Kirchner, de ascendencia gallega, carente de la inteligencia que caracteriza a la gran mayoría de la población nacida y crecida a orillas del gran mar del Océano, y más parecida, por memez intelectual e incultura a un lejano convecino de sus abuelos, un Pepiño Blanco, por ejemplo.

La tal Cristina argentina es como una fotocopia idiotamente populista de Isabelita Perón. Durante su largo exilio en España, tuve ocasión de encontrar algunas veces a Juan Domingo Perón, una de ellas para agradecerle, en nombre de toda una generación, la mía, el haber aliviado la hambruna, enviando a nuestro país, – injustamente discriminado por el cerco internacional – , barcos y más barcos de grano y de carne. Por ello conocí, también a Isabelita, incluso, en mi condición profesional de periodista de TVE, junto a otros compañeros, de acompañar a la pareja presidencial a su regreso a Argentina. Isabelita fue una desastrosa imitadora de Evita, pero la líder de los descamisados sería un modelo inimitable de una época de feliz resurgimiento de la Argentina de la postguerra (Segunda Guerra Mundial ¡Gilda, Amado mío te quiero tanto, no sabes cuánto ni lo sabrás…!) La política de Isabelita tuvo como consecuencia la llegada de la dictadura de los generales. El futuro de la política de la Sra. Kirchner, la neo populista que con su autoritarismo de opereta trata de ocultar la crisis social y financiera de su país, está pendiente de un hilo. O cambia de ruta o acabará sucumbiendo al mismo triste final de Isabelita.

Retornando a nuestro viejo y querido antiguo continente, otra dama, la Sra. Cristine Lagarde, francesa y mandamás del Fondo Monetario Internacional, parece que se pone de parte del plan de medidas de austeridad que acaba de aprobar el gobierno de Mariano Rajoy y eso es una buena noticia.

Hay otras damas en el Congreso de los Diputados que excitan mi curiosidad, más que nada porque ambas son vallisoletanas, como yo, y porque las dos responden al exótico nombre de Soraya, la bellísima y triste emperatriz de Persia. La listísima Soraya Saez de Santamaría, Abogado del Estado y de la simpática abogada, Soraya Rodriguez, buena parlanchina, pero, desafortunadamente, equivocada por el modelo en el que se ha inspirado para dedicarse, alma y cuerpo, al incierto torbellino de la política: el sociata-capitalista Felipe González. En una reciente entrevista, ofrecida por la televisión, la he oído decir que su entrada en las filas del PSOE, a la jovencísima edad de sus tiernos diez y seis añitos, fue la fulgurante visión, – como si fuera San Pablo cayendo del caballo -, del entonces, también jovencillo Felipe González y demás futuros próceres sociatas vestidos de pana. Para comenzar, a mí, el enamorarse de un señor sólo porque lleva una chaqueta de pana me parece de un infantilismo digno de ser estudiado en cualquier clínica de escuela freudiana. Pero ahí la tenemos, diariamente, oponiéndose y perdiendo frente a los tajantes y convincentes argumentos de la Vicesecretaria del Partido Popular.

Yo también les conocí, durante algún viaje que hicieron a Roma, a mediados de los 70, cuando era corresponsal de TVE en Italia, y confieso que me resultaron simpáticos Felipe, Guerra…vestidos de pana, “esos chicos, que diría entonces, Javier Ruipérez”, mientras les presentaba a unos cuantos líderes del socialismo italiano con los que tenía una cierta confidencia.

Recuerdo que hasta el mismo y potentísimo Bettino Craxi, que con sólo el apenas 10% del consenso electoral era el “partido bisagra” que, en contra del casi 30% del Partido Comunista de Enrico Berlinguer, sostenía a la Democracia Cristiana al mando de la política en Italia, no comprendía que los sociatas españoles, con casi el 30% del consenso popular era incapaz de oponerse a la UCD de Adolfo Suárez. El resto es la historia que todos conocemos.

Y como entre damas anda el juego, el caso de Elena Valenciano, nombrada por el omnipresente Rubalcaba portavoz de los sociatas, “mi segundo marido es un tipo guapísimo”, es, como se diría una vez, de los que claman al cielo. Porque de telefonista del partido de la calle Ferraz, a eurodiputada, hace falta hacer carrera. Pues bien, esta trepa que por único mérito ostenta el conocimiento de la lengua francesa por haber estudiado en el Liceo Francés de Madrid, consta en el Parlamento Europeo, como licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, solemne mentira, pues nunca se licenció en ninguna de esas ramas del saber universitario y, parece, que sólo las inició, abandonando su estudio por el de mayor rédito económico y social de la política sociata. La ostentación de los dos títulos universitarios en el Parlamento Europeo, los data la tal Elenita Valenciano en 1980. Un caso de precocidad inusitada, pues habiendo nacido en 1960, resultaría que esta genial estratega del PSOE habría obtenido ambas licenciaturas antes de cumplir los veinte años.

Por vergüenza no sólo del PSOE, sino nacional, a esta desvergonzada mentirosilla del tres al cuarto, habría que apartarla de cualquier función de gobierno y con inmediato efecto retroactivo, para no caer en la mendicidad del paro, devolverla a sus deberes de telefonista, de donde no habría tenido que salir nunca y donde, seguramente, nadie le exigirá título universitario alguno.

Al igual que al ex Secretario de Estado, socialista, Tomás Burgos que durante tres legislaturas falseó su curriculum oficial declarándose licenciado en Medicina, mentira perruna cuando nunca estudió tal carrera universitaria y nunca profesó el juramento de Hipócrates. Como la Carmencita Chacón, que se atribuyó un doctorado sin haber leído, ni tan siquiera la tesis. Como Pepiño Blanco, expulsado de Universidad de Santiago de Compostela por zoquete, después de no haber aprobado ni una sola asignatura de Primero de Derecho, después de repetir su examen durante seis largos años. Y para mayor choteo presume de haber cursado estudios de Derecho.

Yo no sé si en el código genético sociata el mentir es algo coexistencial, pero esto son los hechos que nadie puede negar.

Por eso se me revuelven las tripas cuando escucho a Pérez Rubalcaba tronar en el Congreso de los Diputados, “si yo fuera presidente habría hecho o lo otro”. Mire usted: en la historia hay una cosa absolutamente prohibida: el juzgar lo que hubiera sucedido de no haber sucedido lo que sucedió. Y si no haberlo hecho antes que tiempo no le ha faltado ¡coño! ¡Cállese! que de sus mendaces bravatas están henchidas las bóvedas del Parlamento.

La ignorancia, esa pandemia universal, hace, también su deletéreo efecto en ciertas damiselas de nuestra televisión nacional. Hace sólo unos días atrás presentando un programa que se llamaba algo así como “Españoles en el mundo”, y hablando de Etiopía, decía, textualmente, que era el único país africano que no había sido nunca colonizado. Mire usted señorita, Italia conquistó Etiopía, Eritrea y Libia, en su afán imperialista, allá por los años treinta, Ahí están, reflejados en rancios noticiarios cinematográficos, en la prensa ilustrada de la época y en todos los archivos históricos modernos, al Duque de Aosta, cabalgando jinete blanco, después de haber depuesto del trono al Negus, Emperador de Abisinia, y blandiendo en su mano derecha “La espada del Islam”. No le suena a algo aquello de “facetta nera, bella Abisinia…tralará, tralará…” Se retire un poco a casa, señorita, a estudiar antes de presentarse de nuevo al público, le hará bien. Decía Goethe que “no exista nada más peligroso que la ignorancia activa”. Y no existe nada más peligroso que la activa ignorancia transmitida y aireada a través de una televisión pública o privada que fuera.

“Los dioses, – decía Solón -, no han hecho nada más que dos cosas perfectas: la mujer y la rosa”

Naturalmente el Solón del siglo VI a.d.C no tuvo ocasión de conocer al Arthur Schopenhauer de finales del siglo XVIII hasta el 21 de septiembre de 1860, fecha de la muerte del filósofo, la mayoría de casi todos sus postulados, deberían ser textos obligatorios de quien a la vida pública dedique sus afanes.

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