Nº 1655 -  24 / X / 2014 
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Espacio de batientes

Europa y su núcleo de hierro

José Javaloyes
 

El “primum vivere” se lo lleva todo por delante, en el orden de la percepción y en la urgencia del análisis, cuando se repara informativamente en los alborotados flujos de la revuelta actualidad. Y digo “revuelta” porque casi todo, de modo apremiante, parece mezclarse con todo lo demás, al tiempo que las partes temáticas que respectivamente componen cada conjunto de cuestiones colisionan ellas mismas entre sí.

De tal manera subsiste al cabo de un año largo, la masacre estructural de la represión siria, en la que el Ejército de los Assad deja en nada la tregua pactada con el régimen de Damasco por Kofi Annan. Este ex secretario general de la ONU, ahora como comisionado de la misma y de la Liga Árabe; es decir, de la legalidad internacional plena y de la legitimidad regional propia del ámbito en que se produce esa guerra, con la muerte de decenas de civiles. Se eleva ante ello un imagen de impotencia poco menos que universal. Mientras que por Sudán, otro espacio islámico, entre Jartum y el Estado que se le segregó en el sur, la sangre de la guerra sigue manando como el propio petróleo causante de ésta, sin que tampoco se vislumbre la forma de acabar con esa crónica carnicería africana.

Pero si tal es la brutalidad que segregan las realidades de un mundo distintamente instalado en la proximidad de Europa, la Europa componente de la Eurozona pulsa entre un resuello de fondo nacido al propio tiempo de la angustia que provoca el presente económico y de la fatiga que ocasiona el peso de las tareas aplicadas a la corrección de ese mismo presente. En términos informativos y periodísticos, más allá de la política y desde dentro de ella, el “primum vivere”, se impone al “filosofare”, al puntualísimo reconocimiento de la catástrofe moral y filosófica que expresa ese espectáculo atroz de la represión política en régimen de genocidio, del crimen al por mayor contra la Humanidad.

Tampoco deja de ser un problema moral, en otro orden y escala de percepciones, el que es materia del debate abierto en Europa a propósito de la austeridad como recurso central frente a la crisis económica. Y tanto como ello, las formas y los métodos para aplicar, repartiéndolas, las cargas inherentes a la observancia de la austeridad misma. Pero acaso lo más relevante, en la concreta circunstancia de ahora mismo, es la sobrevenida particularidad de que las técnicas y los procedimientos, los métodos y las fórmulas, como materia de debate, semejan separarse del que es propio de la discusión ideológica y de la dialéctica que corresponde a los discursos de los partidos políticos.

Lo que parece abrirse paso, en este escenario europeo, es una escena nueva de convergencias y coincidencias sobre el recetario aplicable: algo que no existía hace sólo unos meses. Despunta ello como un eclipse convergente de las ortodoxias, tanto en el diagnóstico de la enfermedad como en el recetario que se prescribe para ella; es decir, para la crisis misma.

A todo ello dan pie, tratándose de la Unión Europea, los formatos contrapuestos de determinadas culturas nacionales, nada ajenas a las peripecias históricas respectivas. Algo muy positivo que conviene señalar como resultado o fruto de lo buscado por los europeos desde el Tratado de Roma: fuente de las dinámicas de concertación que pretenden abrirse paso por encima de las distancias ahora polarizadas desde la rigidez de Berlín – su bismarkiano núcleo de hierro – en lo tocante a la austeridad.

Todo lo arremolinado ahora con la inicial ventaja del socialista Hollande en las presidenciales francesas, desde la hipótesis de una fractura del eje franco-alemán, si en la segunda vuelta de las mismas se consolidara el cambio apuntado en la primera, abre un punto de fuga que remueve el anterior escenario político de la Eurozona. Y esa mudanza – centrada en un posible cambio de ecuación de estrategia para la crisis, que añadiría a la disciplina presupuestaria recetas contra la recesión que retorna – es tanto como el viento de fronda que comienza a soplar en Europa.

Un viento que en cualquier caso nunca será tanto como “Petra”, última de las llamadas tormentas perfectas, o borrascas ciclogénicas explosivas que dicen los meteorólogos, y si, por el contrario, algo como ese “pacto para el crecimiento” que acaba de postular Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo.

En todo esto, como en toda cuestión de diagnósticos y recetas, la condición suficiente para el éxito del tratamiento estriba en la dosis con que se administra el remedio, la medicina, recetados. Nunca la cura de caballo debe cruzar la línea a partir de la cual peligra la vida del enfermo mismo. Ese es el mensaje emergente que gira desde la Europa del Sur hacia Berlín y sus aledaños.

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