Nº 1473 -  25 / IV / 2014 
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Espacio de batientes

Trasgresión y cambio en Argentina

José Javaloyes
 

Tratándose del contexto de que se trata, es una verdadera pena que Sigmund Freud no siga en el mundo de los vivos para que se le pudiera encargar el análisis del último discurso de Cristina Kirchner, primero tras del expolio de YPF, especialmente en el pasaje donde afirma que “estamos cambiando la Historia”. Habla de cambio cuando lo apropiado es que debiera haber dicho “trasgresión”.

Es así porque Argentina, desde los años 40 del pasado siglo – cuando entró con el populismo en la deriva que le apartó de su destino de primacía americana, en la que se le consideraba dentro de la comunidad académica, como potencial alternativa de Estados Unidos – ha frecuentado críticamente la práctica de la trasgresión en las relaciones económicas internacionales. Figura Argentina ahora, de forma abrumadoramente destacada, en el liderazgo global (49 de un total de 148) de los países incursos en demandas por este tipo de cuestiones.

Del “cambio histórico” que la presidenta dice, en la glosa de lo desgraciadamente actuado, nada de nada. Todo lo contrario. Es lo más propio observar que, contra lo afirmado por tal señora, quien dice la verdad y tiene la razón ha sido M. Macri, el alcalde de Buenos Aires, al considerar que “la expropiación nos endeuda (a los argentinos) y nos aleja del mundo”.

Aunque más allá de estas obviedades, lo que convendría advertir es la primera floración en el orden interno de la política argentina, de los efectos colaterales de la apropiación de YPF. Está, de una parte, la que ahora se ha venido practicar sobre la filial de Repsol en la distribución interna de gas butano y propano. Y de otro punto aparece la manifestación de un destacado sindicalista sobre la oportunidad de hacer lo propio con Edesan, que es la filial de Endesa en aquel país. Algo cuyo rango de probabilidad depende del calado y amplitud que en el corto y medio plazo tengan las reacciones internacionales puntualmente solidarias con España y, en todo caso, coherentes con la defensa internacional del principio de seguridad jurídica, a lo que representa, cabe decir, la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Este particular de la solidaridad europea en política comercial resulta muy relevante en la medida que habrá de operar como barrera de ámbito estrictamente global que impida al Gobierno argentino no sólo la captación de inversores que suplan las carencias tecnológicas derivadas de la apropiación de YPF, o de otras apropiaciones de empresas españolas allí establecidas, al tiempo que le dificulte el desarrollo en términos generales de su comercio exterior. En este orden de estrategias punitivas se inscriben, puntual y directamente, los acuerdos que se esperan en el Consejo de Ministros de mañana, sobre las importaciones de biocombustibles y soja.

Así las cosas, la retorsión directa e indirecta, de los socios europeos de España y de sus aliados extracomunitarios, sumada al peso institucional de organizaciones internacionales de la OMC y de los distintos foros económicos, habrán de traducirse en un peso disuasorio, para Buenos Aires, de primera importancia a la hora de utilizar como “rehenes” al conjunto de empresas españolas radicadas en la República Argentina. Una opción o una tentación de la que constituiría factor indiciario lo afirmado, en régimen de descubierta política, por el referido sindicalista sobre Edesan. Es demasiada la reacción política internacional que se le viene encima a la viuda del gran afanador como para insistir ahora por ese su “cambio” de la Historia.

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