Nº 1466 -  18 / IV / 2014 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada República de los Blogs Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Deportiva Información Parlamentaria Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias
 

El replicante

Lo de YPF y Repsol

Luis de Velasco
 

Aparentemente todo está en orden y es legal. Todo país tiene derechos sobre sus recursos naturales y, en virtud de ello y de acuerdo a la ley vigente, puede si así lo desea expropiarlos. Hay muchos ejemplos en la historia aunque ahora no esté de moda. El gobierno argentino ha decidido expropiar una parte del capital de Repsol y para ello ha enviado un proyecto de ley al legislativo.

Todo legal. Sólo aparentemente porque previo a ese trámite formal ha habido toda una estrategia de acoso y derribo que abarca desde incumplimientos de acuerdos vigentes hasta descarada manipulación para que el precio de la expropiada, YPF, descendiese. Una vez aprobada la norma en el legislativo se inicia la parte más importante del proceso que es la de la indemnización, proceso que sin duda a la vista de lo ocurrido y el enconamiento de las partes será muy complicado y enormemente lento. Salvo sorpresas.

Hay varios factores que pueden ayudar a entender la decisión del gobierno argentino. Uno, latente siempre, la peculiar característica de parte de la sociedad y de la política de ese país, impregnadas ambas de un peronismo populista, trufado de mafias de diverso tipo y que nunca termina. Hay que agitar a las masas siempre dispuestas a salir a las calles con los bombos. Para eso vale casi todo, desde las Malvinas hasta “los nuevos conquistadores”, amados y odiados al mismo tiempo. Un segundo factor claramente percibido desde allá es la debilidad de los de acá, concretamente de su gobierno y de un país azotado por una crisis no sólo económica.

En 1971 el presidente Allende de Chile nacionalizó sin indemnización las explotaciones de la gran minería de cobre de su país, en manos de grandes empresas norteamericanas. Esa fue una de las razones, aunque no la más importante, de su caída tres años más tarde por un golpe de estado propiciado y financiado desde Washington. Hoy estas cosas no pasan. Estados Unidos no es lo que era (no ha movido un dedo) y hay recambios, comenzando con China, para este tipo de aventuras. Por eso, la reacción de los amigos será poco más que unas declaraciones amonestando al gobierno argentino y recordándole que ese camino es muy malo para la inversión extranjera y la necesaria seguridad jurídica. Finalmente, las posibilidades de digamos contramedidas por parte del gobierno español son, si es que las hay, muy limitadas. Hay además mucha otra inversión allí y hay que cuidarla. Tampoco hay, afortunadamente, ciudadanos dispuestos a salir a la calle envueltos en la enseña rojigualda para defender a una empresa. Allá, lo hemos visto, sí los hay, y muchos miles, cuando esa empresa se identifica con la soberanía nacional.

En resumen, paciencia y a pleitear. Es lo que puede pasar cuando se invierte en países con alto riesgo político. A cambio de ese alto riesgo, la rentabilidad suele ser también alta. Ambas variables suelen moverse en la misma dirección.

Traducir artículo
LunMarMieJueVieSabDom
123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Aviso legal y contacto | Quiénes somos | Todos los derechos reservados © 2014

Portada Republica.com
Republica.com