Nº 1617 -  16 / IX / 2014 
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Retablos financieros

El FMI nos retrata

Primo González
 

Hay para España una buena noticia en el contenido del último informe del Fondo Monetario Internacional, en donde las previsiones que atañen a nuestra economía vapulean cualquier atisbo de optimismo. Esa buena noticia es la de que casi todos los países principales van a crecer más, incluso bastante más, de lo que se temía o se preveía con anterioridad. La Unión Europea no tendrá un crecimiento tan escuálido como se vaticinaba hace unos meses, Estados Unidos crecerá más y mejor y los países emergentes apenas bajarán el listón de sus avances, que vienen sustentando el crecimiento de la economía mundial casi en solitario desde hace al menos dos años. Las previsiones, por lo tanto, dibujan un panorama más armonioso en el crecimiento de la economía global durante el año en curso y el próximo, aunque subsisten importantes diferencias de ritmo.

Esta panorámica resulta, en todo caso, positiva para los intereses españoles a pesar de que el FMI nos excluye de forma tajante y sin rodeos de cualquier oportunidad de recuperación no sólo a lo largo del año en curso sino incluso del año 2013, en el que el PIB va a registrar, según sus previsiones, un crecimiento testimonial, casi nulo. Pero el hecho de contar con un entorno bastante más favorable debería facilitar una mejor trayectoria a dos de las variables importantes de la economía española, el dinamismo exportador y el fortalecimiento de la actividad turística, dos motores en los que, a falta de pulsaciones positivas en la demanda interna (lastrada por el elevado nivel de paro), la economía española está encontrando un grado bastante aceptable de abastecimiento en los dos últimos años.

En el pasado reciente, la economía española ha sido la única entre las grandes economías occidentales cuya cuota de exportación ha mejorado de forma aceptable, junto con la de Alemania, lo que constituye un buen indicio de que con economías en nuestro entorno algo más boyantes, la española tenderá a sacar cierto provecho.

Pero en la vertiente de las contrariedades, el último informe del FMI aporta algunas sombras sobre nuestro futuro inmediato. La primera de ellas es la de que el PIB va a caer algo más de lo previsto en el año 2012 debido básicamente al efecto contractivo de las medidas de ajuste. Los autores del informe desconocían en el momento de redactar sus previsiones cual era el gado de restricción del gasto que se estaba manejando para el Presupuesto del año 2012, por entonces en fase de elaboración. Por lo tanto, el frenazo que las medidas de ajuste están `provocando en la economía española podría estar siendo subestimado.

A partir de estos datos, lo que creen los expertos del FMI es que la economía española va a reducir de forma más gradual el déficit, lo que significa que el objetivo del 5,3% no se va a alcanzar con bastante probabilidad. A estas alturas del año, no hay un solo economista que firme un pronóstico mejor. El FMI habla de un 6% de déficit, muy cerca del 5,8% que había propuesto inicialmente el Gobierno español y que no se sabe muy bien por qué motivo Bruselas, quizás para hacer valer su autoridad, rebajó hasta el 5,3%.

Pues bien, este déficit del 5,3% ya no cuenta prácticamente con ningún convencido en ninguna parte, a pesar de las poco creíbles aseveraciones de las autoridades españolas en el sentido de que se va a cumplir a toda costa. El último en llegar al coro de los escépticos ha sido nada menos que el gobernador del Banco de España quien, con un pie en la calle, parece dispuesto a ejercer como economista independiente, calificando de poco realistas las previsiones de ingresos del Presupuesto de Montoro y, en consecuencia, recomendando una mayor agresividad fiscal. Naturalmente, a base de plantear la aplicación, a partir de un determinado momento, de un nuevo tipo de IVA para reforzar una recaudación que se considera casi imposible de alcanzar.

Con estas valoraciones recientes, y con la autoridad que proporciona la capacidad de diagnóstico de estas instituciones, no estaría de más que Bruselas empiece a hacerse a la idea de que el ajuste español tiene que ser revisado a fondo y con previsiones más ajustadas a la realidad.

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