Nº 1656 -  25 / X / 2014 
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OPINIÓN

Paseando por la historia

Juan Chicharro
 

El impacto de las nuevas tecnologías, especialmente internet y la telefonía móvil, en el devenir de la sociedad actual ha supuesto probablemente la mayor revolución que ha experimentado ésta desde tiempo inmemorial. Sin embargo la esencia del ser humano permanece inalterable. Las mismas pasiones, odios, sentimientos, ambiciones… etc., se manifiestan en nuestras relaciones con las mismas características de siempre. Por eso la lectura de la historia continúa siendo fuente inagotable de aprendizaje de nuestros errores y aciertos. Hoy quisiera transcribir algo de la historia de la España califal.

Hace 1.000 años, allá por el siglo X, tres cuartas partes de la península ibérica constituían el Califato de Córdoba, sin duda la época de máximo esplendor político, comercial y cultural de Al- Ándalus.

El apogeo del Califato se debió a una considerable capacidad económica que se basó en un floreciente comercio expansivo y en una industria artesana muy importante, así como la creación y establecimiento de unas técnicas agrícolas mucho más desarrolladas que en cualquier otra parte de Europa. Esta economía se basó también en una moneda cuya acuñación tuvo un papel muy importante en el aspecto financiero. Sin duda el Califato constituía la primera economía comercial y financiera de la Europa de la época.

Su capital Córdoba que rondaba casi el millón de habitantes fue en esa época una de las ciudades más importantes del mundo y referencia comercial, artística y financiera. Otras ciudades importantes también lo eran Toledo, Zaragoza, Valencia o Almería. La capital contaba con unas 1.600 mezquitas, alcantarillado, trescientas mil viviendas, innumerables baños públicos y ochenta mil comercios. Tenía universidad, una prestigiosa escuela de medicina y contaba con más de 60 bibliotecas.

En boca del eminente geógrafo Ibn Hawkal recogemos que “la abundancia y el desahogo de la vida, el disfrute de los bienes y medios para adquirir los bienes eran comunes a grandes y pequeños, pues estos beneficios llegaban a todos los estratos sociales, incluso a obreros y artesanos, gracias a las imposiciones ligeras y a la excelencia del país”.

El apogeo del Califato cordobés fue posible, fundamentalmente, por su capacidad de centralización fiscal que gestionaba las contribuciones y rentas del país: impuestos territoriales, peajes, diezmos, tasas aduaneras…etc., posibilitando una acción de gobierno eficaz y eficiente.

Sin embargo, la naturaleza humana es la que es y luchas políticas internas por el poder, debidas a intereses particularistas, propiciadas por jefes ambiciosos sin consideración alguna por los intereses generales del pueblo propiciaron una desintegración paulatina del Califato y que dio origen a lo que conocemos históricamente como los reinos de taifas .

Las razones u origen de la fragmentación del Califato son achacables a factores tales como la debilidad de la institución califal, las intrigas de los grupos políticos y étnicos ligados a la administración, el afán de liberarse de los tributos debidos a Córdoba, la no existencia de una unidad lo bastante fuerte para contener la disgregación político-social, la ausencia de interés en mantener la eficiencia de un gobierno central y finalmente al esfuerzo de la aristocracia árabe por recuperar su influencia pérdida en la época de Almanzor.

En el año 1.009 un golpe de estado derrocó y asesinó a Abderramán Sanchuelo, hijo de Almanzor, propiciando una guerra civil que culminó en 1.031 con la conversión del Califato en una república y la desintegración de éste. En medio del desorden total se independizaron las provincias que conformaban el Califato y se constituyeron las taifas de Almería, Murcia, Alpuente, Arcos, Badajoz, Carmona, Denia, Granada, Huelva, Morón, Silva, Tortosa, Zaragoza, Valencia y Toledo. Cada una de ellas con sus gobiernos locales respectivos.

La caída del Califato supuso la pérdida de hegemonía de Al-Andalus en el mundo de entonces y la ruina absoluta de la metrópoli.

El descalabro del Califato se manifestó en la sociedad andalusí en un clima de división social y política en el que cada una de las taifas velaba por sus intereses económicos particulares rivalizando entre ellas y que ocasionó en el campesinado y artesanado un empobrecimiento paulatino, toda vez que las ansias de los particulares reyezuelos impusieron unos impuestos extraordinarios y crecientes que acabaron esquilmando al pueblo.

Esta situación llevó a la ruina al otrora todopoderoso Califato y fueron los reinos cristianos del norte los únicos y principales beneficiados.

Aún 1.000 años después todavía hay movimientos en oriente que se lamentan de la fragmentación de Al-Andalus.

Todo lo escrito es rigurosamente cierto, extraído, en un ejercicio de brevísima síntesis histórica, de lo que escribieron insignes eruditos como Don Ramón Menéndez Pidal o Don Juan Ortega Rubio.

Historia…

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