Nº 1656 -  25 / X / 2014 
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OPINIÓN

Malestar social por un viaje real inoportuno

José Oneto
 

La nueva operación quirúrgica de cadera y fémur con la implantación de una prótesis, practicada de forma urgente la  madrugada de este sábado a su Majestad el Rey Juan Carlos, tras un largo  y doloroso viaje de diez  horas desde Botsuana, en el extremo mas alejado de África, donde se encontraba desde el lunes día 9 de abril intentando matar al  tercer elefante de su vida de experto cazador, ha supuesto una dura y desagradable noticia para la opinión pública que no entiende muy bien esa actividad peligrosa en un hombre de 74 años, con evidentes síntomas de mala movilidad y que ha sufrido recientemente dos operaciones que le han afectado al talón de Aquiles y a su rodilla derecha.

Ni su condición física, ni la situación económica  del país, al borde del rescate según todos los analistas, con la  prima de riesgo disparada y las Bolsas hundidas, ni la propia situación de muchos españoles en paro o agobiados por los ajustes, aconsejaban este  inoportuno viaje del Jefe del Estado a miles de  kilómetros de Madrid  para participar en una cacería de amigos, acompañado, entre otros, por el financiero Alberto Alcocer, su principal compañero de escopeta desde hace años.

Son muchas las veces que don Juan Carlos ha participado en este tipo de cacerías en África;  se sabe que ha estado en viaje privado en varias ocasiones en Botsuana, (una de ellas, coincidiendo con el accidente del helicóptero Cougar en  Afganistán, accidente que causo 17 muertes y que provocó un auténtico problema de organización para los  funerales en el Ministerio de Defensa; siempre, debido a la leyenda urbana,  estos viajes han  estado revestidos de un cierto morbo; existía la impresión durante toda la semana  de que algo raro estaba pasando en la Agenda Real por su ausencia  de la Clínica Quirón, donde se encontraba ingresado su nieto Froilán, herido en un pie por un accidente fortuito cuando estaba utilizando una escopeta de perdigones, y no parece que por los ajustes económicos y por los problemas que esta pasando la Institución, con el “caso Urdangarin” que tanto daño ha hecho a la Monarquía, en los Tribunales, este fuese el mejor momento para una excursión cinegética de este tipo con amigos de pandilla, que tanta sorpresa y malestar han  provocado en la ciudadanía.

Pero tan responsable es el Rey de la inoportunidad de esta excursión, como la misma  Casa Real que está a su servicio y tiene que aconsejarle y ayudarle en determinadas decisiones claves e, incluso, el propio Gobierno, que tiene que velar por detalles, circunstancias y maneras, que puedan  repercutir en un momento determinado en la seguridad y en la salud del Rey y en el prestigio de la  Corona.

Hace solo unos días, por conductos que no eran los oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores o de la Oficina de Información  Diplomática, la opinión pública tuvo noticia que el Rey había estado de visita en el emirato de Kuwait , que la visita tenía carácter privado, que a pesar de eso se informó que iba a servir “para estrechar relaciones económicas y políticas”, que durante la misma se había entrevistado con la máxima autoridad del país, el emir Sabah al Ahmad al Sabah, y que, según fuentes de la Zarzuela, durante esa entrevista se había hablado de la intervención del Jefe del Estado para que el emirato aumentase su envío de petróleo para compensar las restricciones que se han producido desde Irán tras el bloqueo decidido por la Unión Europea.

Según la Constitución española para ese tipo de gestiones el Rey siempre tiene que ir acompañado de un ministro, el llamado ministro de jornada, y, no se entiende que, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se diese la suficiente cobertura política al Jefe del Estado, ya que  ese tipo de gestiones tiene que tener su correspondiente respaldo institucional y que al ministro le parezca normal ese tipo de actividades porque el Rey es el mejor vendedor de la marca España y el que mejor puede abrir los mercados.

En esta ocasión el asunto adquiere mayor gravedad, ante la confirmación de que el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, que solo sabía que el lunes de Pascua se suspendía el despacho semanal, desconocía donde se encontraba el Rey desde el Domingo de Resurrección. Algo realmente insólito.

Una situación que parecía que se había corregido desde el grave incidente del año 1991, cuando, durante una crisis de Gobierno tuvo que retrasarse la jura en el Palacio de la Zarzuela del nuevo ministro de Asuntos Exteriores Javier Solana, que sustituía al enfermo Francisco Fernández Ordóñez. Aquello desemboco en una autentica crisis política cuando se supo por boca del propio presidente del Gobierno Felipe González, que no sabía  el paradero real, que  el Rey se encontraba “fuera del territorio nacional”…. Fue el gran conflicto entre Moncloa y Zarzuela desde la llegada al poder de González y tuvo consecuencias políticas y efectos colaterales que algún día se conocerán en todos sus detalles.

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