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El hombre, Valeriano Díaz Jurado, de 57 años, se habría suicidado poco después arrojándose desde la azotea del bloque, de siete pisos de altura, si bien la vivienda del matrimonio está en el cuarto piso. Según el relato de los vecinos, Valeriano, tras agredir supuestamente a su esposa, subió a la azotea, donde se encerró desde dentro y se tiró por la fachada que da a la calle Rafael Cansinos Assens, ya que el inmueble, el número 18 de la urbanización Monteflor, tiene entrada por esa calle y por la calle Cisneo Alto.
Una vecina del primero ha asegurado a los periodistas que el patio interior del bloque y la barandilla de su vivienda están manchadas de sangre, al igual que el pretil de la azotea por el lado en el que se arrojó al vacío Valeriano, lo que hace pensar que el hombre sufrió alguna herida o autolesión antes de arrojarse al vacío. Algunos vecinos del bloque no se habían enterado del suceso hasta que sobre las diez de la mañana se lo han contado los periodistas que tomaban imágenes de los precintos policiales en la puerta de la vivienda y en la de la azotea.
El presidente de la comunidad de vecinos, José Miguel Romero, como el resto de los vecinos, ha mostrado su sorpresa por los hechos, ya que, según ha afirmado, se trataba de una pareja normal que “iban siempre juntos” y Valeriano un buen vecino y hombre educado, al igual que su esposa. Valeriano “iba de su casa al trabajo, y del trabajo a su casa” y Rosario, que padecía de la espalda y era ama de casa, se estaba reponiendo de esa dolencia de la que había sido operada no hace mucho, según José Miguel Romero.
La vecina del primero María Murillo ha explicado a los periodistas que conocía a Rosario desde que era joven y novia de Valeriano, y ha asegurado que “iban siempre juntos”, eran “muy amables” y habían sido novios muchos años, y que Valeriano siempre había sido “muy buen muchacho” y lo sucedido “es algo que no se lo explica nadie”.
María Murillo ha dicho que aparentemente la pareja se llevaba bien y que si se iban a separar “era algo que llevaban ellos muy dentro”, en alusión a los vecinos que aseguraban haber escuchado a los familiares del matrimonio decir esta madrugada, mientras acompañaban a sus dos hijos, que deberían haberse separado.
Valeriano trabajaba en una óptica de Sevilla, en la que también había estado empleado su hijo mayor, el cual ya se había independizado y que esta madrugada fue avisado de lo sucedido por su hermano menor, que aún vivía con sus padres.
La delegación de Familia, Asuntos Sociales y Rehabilitación del Ayuntamiento de Sevilla está comprobando si la mujer asesinada había hecho uso de los servicios municipales de atención a las maltratadas.