Nº 1631 -  30 / IX / 2014 
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OPINIÓN

Los tres hundimientos del Titanic

Daniel Martín
 

Se cumplen cien años del viaje inaugural y hundimiento del Titanic, suceso con todos los ingredientes necesarios para convertirse en la gran comidilla social de todo un siglo… y lo que queda. Pocas veces la hybris de la vieja tragedia griega ha conseguido una traslación a la realidad tan pura y, valga la redundancia, trágica: la arrogancia, de nuevo asociada a la ignorancia, idearon un transatlántico destinado a ser la madre de todos los barcos pero que, sin apenas tiempo para la gloria, convertirse en el mayor fiasco que vieron los siglos.

La tragedia del Titanic ha dado mucho que hablar, ha generado miles de páginas impresas, se ha convertido en el gran tema del que hablar cuando existen otros temas incómodos. En ese sentido, el naufragio fue un suceso visionario en lo que a las noticias “cortina de humo” se refiere. Nadie, nunca, imaginó algo tan accesible al pueblo para llenar portadas y ocultar verdades como, en 1912, era la inminencia de una guerra monstruosa y global.

El Titanic, lógicamente, ha atraído la atención de creadores literarios y cinematográficos. En 1997 James Cameron se convirtió en “el rey del mundo” gracias a su famosísima película homónima, seguramente el mayor taquillazo que jamás se conocerá. Por si fuera poco, ganó 11 Oscar aunque ni el actor ni el guión estuvieran siquiera nominados. Así, el enorme buque, está vez de cartón piedra y efectos tecnológicos, se llevó tras de sí la credibilidad de los premios de la academia de Hollywood, que desde entonces no han vuelto a levantar cabeza. ¿Naufragio, hundimiento, mercadotecnia?

El enorme éxito de aquella película, magistral en los apartados técnicos pero flojísima en el argumento, ha provocado que Cameron, siempre audaz empresario, haya aprovechado los cien años del hundimiento del Titanic para lanzar la remozada versión 3D del desde su estreno trasnochado largometraje. Como estaba previsto, la tridimensionalidad no ha conseguido que el reestreno haya tenido apenas repercusión recaudatoria. Cien años después, un nuevo naufragio con el nombre del viejo titán de los mares.

El Titanic se hundió una fría noche de primavera en el Atlántico norte. La magia del naufragio, la enormidad de la tragedia, su repercusión mediática no han tenido, ni tendrán, parangón. Nunca se repetirá un intento tan audaz de dominar los mares y un fracaso humano de tan olímpicas dimensiones. Las consecuencias del luctuoso suceso, empero, aún no han concluido. Ya sea en forma de estatuilla dorada o de reestreno, continúa imparable el goteo de víctimas del más famoso barco que haya surcado los mares… durante unos pocos días.

dmago2003@yahoo.es

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