Nº 1465 -  17 / IV / 2014 
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Retablos financieros

Atropello y daños colaterales en YPF

Primo González
 

El asunto de Repsol YPF ha subido de temperatura en las últimas horas y nada parece indicar que el Gobierno argentino esté a punto de dar marcha atrás en sus pretensiones de controlar YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), la principal empresa del país adquirida hace unos años, veinte ya, por Repsol. Se puede elucubrar largamente sobre si esta pretensión de recuperar el control de YPF, participada en más del 57% por la española Repsol, tiene su origen en una decisión eminentemente política o si responde realmente, como argumentan en Argentina, a un intento de suplir lo que consideran fallos de gestión en la petrolera, de los cuales se han derivado pérdidas en la producción y aumento de importaciones. Se puede, no obstante, considerar que se trata de una mezcla de motivaciones económico- energéticas y políticas.

En todo caso, el Gobierno argentino ha extremado las precauciones en los últimos días para lograr que la toma del poder en YPF no sea, lisa y llanamente, un atropello, ya que ello constituiría, aparte de un gesto muy inamistoso hacia un país amigo como España, el inicio de un amplio pleito internacional que puede no resultar conveniente para Repsol pero tiene el potencial de acabar siendo bastante ruinoso para Argentina debido a los daños colaterales que una decisión intempestiva podría tener sobre la economía de este país, sobre la confianza de los inversores extranjeros y sobre su prestigio en las instituciones internacionales. La nacionalización de YPF, que al pareces es el objetivo de la señora Kirchner, no estaría ni de lejos a la altura de los modos y costumbres que hoy imperan en el mundo desarrollado, en donde el respeto a la propiedad privada resulta piedra angular de la confianza económica.

Sea como sea, el hostigamiento de las autoridades argentinas a YPF (compañía cotizada) y a Repsol, su empresa matriz, ha causado ya graves daños al grupo petrolero. La cotización bursátil se ha derrumbado con estrépito, de forma que la pretensión de adquirir “a precios de mercado” una participación que diera al Estado argentino el control de la petrolera, no deja de ser una cínica ironía. Esa táctica de amenazar, depreciar y luego adquirir a la baja un bien es sencillamente un chantaje, que no debería tener ni siquiera recibo en las relaciones entre dos países a los que se suponía estrechamente vinculados por lazos económicos actuales muy firmes. España ha sido el mayor inversor extranjero en Argentina durante muchos años y en el stock total de capital invertido a lo largo del tiempo, España ocupa la segunda plaza tras Estados Unidos, con unas 250 empresa de nacionalidad española censadas en el país. De las cifras se puede deducir fácilmente que el daño que se pueden causar ambos países es importante. O sea, que nadie saldrá ganando de una disputa por las bravas.

La disputa, en todo caso, ya ha comenzado con hechos y perjuicios tangibles. A estas alturas, y tras las suspensiones de permisos de explotación en varios yacimientos de varias provincias diferentes, YPF ha perdido alrededor del 20% de su producción tras serle arrebatados una serie de pozos de producción. En próximas fechas podrían ser suspendidos los derechos sobre varios permisos más, que elevarían el peso de la producción afectada hasta el 30% del total. La ofensiva parece que va a seguir en los próximos días si antes no hay una operación de mayor envergadura, como sería la nacionalización pura y simple de la filial de la compañía española. O si antes, como sería muy deseable, las partes se sientan a la mesa para discutir un buen acuerdo que sea útil para las dos partes. Las informaciones que Argentina ha facilitado sobre los motivos de su ofensiva para recuperar el control de su principal empresa, ahora en manos españolas, no han estado casi nunca claros. Los descensos de producción en los pocos del país obedecen en muchos casos al agotamiento técnico de las reservas probadas.

Otra cosa es que Argentina desee participar en los beneficios derivados de los nuevos hallazgos de YPF Repsol en los últimos meses, alguno de los cuales ha sido valorado en cifras superiores a los 200.000 millones de euros. Quizás en estas reservas de reciente alumbramiento se encuentran algunas de las motivaciones para este súbito e inexplicable ataque contra Repsol.

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