Nº 1687 -  24 / XI / 2014 
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El Manantial

Rajoy huye y Aguirre monta otro circo

Pablo Sebastián
 

El Gobierno está intentando a marchas forzadas -aunque con cierta confusión- hacer frente a la crisis económica y social y al nuevo y cada vez mas agresivo ataque de los mercados a la deuda española. Pero el Gobierno en general y el presidente Rajoy en particular no están a la altura de las circunstancias en el campo de la política. Falla estrepitosamente la política y la comunicación (ayer solo dio la cara sobre todos estos temas la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría). Y este fallo de la política se volvió a escenificar ayer a lo largo de una tensa jornada política y económica, marcada por el último ataque a España de los mercados y por la imagen del presidente Rajoy prácticamente huyendo de los informadores (se dio la vuelta en un pasillo del Senado) que le solicitaban una declaración sobre el difícil momento del país, con la prima de riesgo a 432 puntos y la Bolsa hundida, es algo que ni se entiende ni se puede admitir en una democracia.

Ya fue grave que el lunes el Gobierno emitiera un comunicado para anunciar recortes de 10.000 millones de euros en Sanidad y Educación sin la menor explicación y comparecencia de los ministros Mato y Wert, y que el PP bloqueara en el Congreso la comparecencia del presidente del Gobierno para explicar estas medidas urgentes con las que se reforman los Presupuestos, como para que ahora Rajoy se haya dado “físicamente” a la fuga sin hablar ante la opinión pública. Y con el mayor de los desprecios a los medios y periodistas que se habían desplazado al Senado para seguir la sesión de control al Gobierno y obtener una declaración del presidente, sesión donde Rajoy volvió a eludir las preguntas de la oposición sin decir nada nuevo al conjunto de la nación.

Este desprecio del presidente Rajoy a la vida democrática es tan grave, o más aún, que la propia crisis financiera que tenemos. Y además no contribuye nada a la recuperación de la confianza en España por parte de los mercados y los inversores extranjeros que ven a Rajoy escondido, huyendo de los medios e incapaz de dar explicaciones o de transmitir mensajes de esperanza y positivos como los que pudo haber expresado ayer ante los muy numerosos periodistas que esperaban al presidente.

Para colmo del desconcierto, y de las idas y venidas de varios de sus ministros (cada uno a su aire), y de la catastrófica política de comunicación del Gobierno, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, volvió a ofrecer otros de su números de circo político pidiendo desde la Moncloa que las Comunidades Autónomas devuelvan las competencias de Sanidad, Educación y Justicia al Gobierno del Estado, desmontando en la práctica todo el sistema autonómico. Una ocurrencia o un proyecto político al que Rajoy, de pasada, aludió en el Senado diciendo que el sistema autonómico no se toca. Pero si eso es así ¿por qué no fue Rajoy capaz de controlar este último disparate de Aguirre a las puertas de la Moncloa? A no ser que Rajoy esté de acuerdo en el fondo y haya permitido a la madrileña –que siempre va por libre- lanzar el globo sonda a ver qué ocurre. Pero abriendo otro debate político y mediático que enturbiará, más si cabe, la actual situación general de España. Ayer mismo Artur Mas desde Cataluña denunció otra vez el Estado de la Autonomías calificando a muchas comunidades como inventadas y pidiendo el final del “café para todos”, dando así y la razón a la “sugerencia” de Aguirre, para ver si finalmente solo permanecen en el Estado Cataluña, País Vasco y Galicia, que es lo que desde hace muchos años reclamaban coo hecho diferencial los nacionalistas.

Todos estos hechos políticos, en medio de la tormenta financiera que cae sobre España, no hacen sino empeorar la situación y nos ofrece la imagen de un Gobierno asustado, confundido y en fuga, en vez de un Gobierno fuerte, decidido, coordinado y que da la cara como cabría esperar ante tan dramática situación. Pero Rajoy sigue empeñado en presidir el Gobierno de España como si fuera un club privado o su propio partido. Y ello provoca desconfianza y más preocupación de la que existe.

Y además semejante actitud del presidente del Ejecutivo no se puede consentir por mucha mayoría absoluta que el PP tenga, porque nos puede conducir a un cisma entre las instituciones del Estado, como el Gobierno y Parlamento, y una nueva mayoría de ciudadanos donde empieza a crecer la indignación, tal y como se vio en las elecciones andaluzas y en la huelga general.

El presidente Rajoy ha de saber que los españoles quieren que él ejerza el liderazgo, y que una gran mayoría le quiere ayudar en su acción de Gobierno contra la crisis, el paro y el ataque exterior de los mercados e incluso de algunos dirigentes de la UE. Pero para  ello y para conseguir una necesaria unidad de los españoles (con los partidos de la oposición incluidos) urge que Rajoy cambie su actitud, deje de esconderse y de huir de la realidad y los medios.

Y si no cambia muy mal iremos todos, incluido su Gobierno, él y el propio PP. Pero ¿qué le costaba a Rajoy haber dicho ayer que España es un país fuerte y solvente que remontará el ataque de los mercados y cumplirá sus objetivos de déficit, ante el enjambre de micrófonos y cámaras de televisión de los que se salió huyendo? No se entiende y ello aumenta la preocupación.

www.pablosebastian.com

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