El estruendoso avance de la “oposición constructiva” anunciado por el secretario general del PSOE, asistido por la mayoría de quienes fueron los socios parlamentarios del zapaterismo en las dos últimas legislaturas, ha vuelto a elevar a cotas de diciembre el diferencial de la deuda española. Lo cual significa que se ha encarecido en proporcional medida el titánico esfuerzo nacional exigido por el compromiso de reducir el déficit español conforme los términos que exige la Unión Europea. Se trata, pues de una contribución cualitativamente paralela a las aportaciones socialistas y de sus socios parlamentarios durante las dos últimas legislaturas, en las que, presupuestariamente también – junto con otros significativos méritos – se cavó el hoyo del que ahora habremos de salir.
Lo “constructivo” de esa oposición prometida por el actual secretario general de los socialistas, por el encarecimiento de la deuda que hemos de tomar, equivale en la práctica a un agrandamiento de las dificultades; es decir, a una pprofundización del hoyo en el que estamos hundidos. Como no podía ser de otra manera, en esa labor figuran quienes en su día suscribieron el Pacto del Tinell para instalar en el ostracismo al centroderecha nacional, todos excepto CiU, que fue la sigla promotora de aquel golpe de puntilla aplicado al consenso con el que e hizo la Transición. Veremos ahora, dentro del actual contexto de beligerancia, cuanto dura tal excepción del nacionalismo de CiU.
La carencia de soportes presupuestarios y de fundamentos nacionales con que retribuirles es tan manifiesta que genera la duda de que esa excepción pueda mantenerse.
A lo que íbamos. Lo “constructivo” del discurso y las estrategias prometidas por Pérez Rubalcaba, obligado resulta señalarlo, procede en línea directa de la “lealtad” y sentido de Estado aplicados a la información que había de transferirse protocolariamente con la entrega de papeles propia del cambio de poder, tras de la derrota socialista en las elecciones del 20 de Noviembre. El déficit confesado era sustancialmente muy inferior, prácticamente la mitad, del real, y con esa referencia se pactaron los compromisos con Bruselas y se hicieron las promesas de Mariano Rajoy sobre qué se haría y se dejaría de hacer para salir del atolladero.
Por eso carece del menor soporte moral esa “campaña de primavera” con la que los socialistas han venido a lanzar su ofensiva de propaganda, desde el levantamiento anímico que les ha producido lo pírrico de la victoria del Partido Popular en las elecciones de Andalucía. Pero la faceta más agraviante para los intereses y los sentimientos nacionales es lo señalado en el principio de esta nota en Jueves Santo: el empobrecimiento, en términos de diferencial de deuda, que ha supuesto la campaña misma. Una absoluta falta de solidaridad que ha lanzado a los mercados, dentro de la más absoluta extemporaneidad el espectáculo de nuestras desavenencias colectivas. Rubalcaba ha decidido superar desde la Oposición el desastre que Zapatero alcanzó desde el Gobierno.