Chipre podrá recordar que su año de gracia fue 2012. Sorprendentemente, su mejor representante en competiciones europeas, el Apoel de Nicosia, llegó a los cuartos de final de la Liga de Campeones y se despidió de la misma, independientemente del resultado, de manera gloriosa en el estadio Santiago Bernabéu, el más laureado en esta competición continental. A Iker Casillas le marcó dos goles. Inaudito.
El Madrid jugó excesivamente relajado y tardó casi media hora en comenzar a marcar goles a un equipo que se aculó desde el comienzo, temeroso de recibir goleada infamante. En Nicosia, Marcelo y Kaká revolucionaron el juego y llevaron al equipo al triunfo. En el Bernabéu hicieron lo mismo.
En la segunda mitad, Mourinho se decidió a hacer cambios que fueron experimentos sin gaseosa. Sacó a Albiol y lo colocó de centrocampista. A Altintop le dio el puesto de lateral izquierdo que había ocupado Marcelo. El equipo se descompuso y los chipriotas marcaron don goles. El primero puso el marcador en 2-1 con el acertado remate de Manduca. Solari, de penalti, hizo el segundo. Casillas acabó notoriamente molesto porque la descomposición defensiva le causó el bochorno de recibir dos goles en el Bernabéu y del Apoel de Nicosia.
El fútbol chipriota tenía en su historial como selección la afrenta infligida a la selección española que dirigía el ínclito Javier Clemente. Sus apariciones en torneos europeos y mundiales había sido siempre de simple comparsa. En los antecedentes tiene un nombre ilustre: sir Stanley Matthews.
Tal vez el mayor mito del fútbol inglés, reconocido futbolística y socialmente por su país y el mundo entero, el delantero internacional Matthews, adversario de España en el Mundial de Brasil en 1950, y derrotado por el gol de Zarra a Williams, tuvo el detalle de acabar su carrera en el club de su nacimiento, el Stoke City y, posteriormente, como funcionario de correos fue destinado a Chipre. Allí, con cincuenta años, aún jugó al fútbol, dio clases magistrales y sembró la afición en la isla.
Aquella semilla ha fructificado de tal manera que la Liga del país está repleta de futbolistas extranjeros algunos de los cuales son españoles. Los portugueses y brasileños del Apoel, como los españoles, no son de la elite, pero tienen suficiente calidad para mejorar la competición del país.
La gloria llegó con el Apoel. Los isleños recordarán sus hazañas. Superar la liguilla primera y en las eliminatorias directas llegar a los cuartos de final ha sido envidia de grandes clubes caídos en la competición.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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