Nº 1466 -  18 / IV / 2014 
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El Manantial

El PP no debe pactar con Cascos en Asturias

Pablo Sebastián
 

Cansados de malas noticias, de escándalos variados, de subida de la prima de riesgo y dispares noticias económicas y financieras, nos encaminamos a la recta final de las elecciones autonómicas en Asturias y Andalucía con vistas a la jornada electoral del domingo en la que está en juego el confuso mapa político asturiano y la cita crucial de los comicios andaluces donde los socialistas se juegan su “cuartel general de invierno” y máximo semillero de votos y de escaños andaluces y nacionales. Así como el primer gran test para el liderazgo socialista de Rubalcaba y un amplio espacio de poder del que disfrutan desde hace 30 años y que, de caer en manos del PP, le otorgaría a Mariano Rajoy y al Partido Popular el máximo poder que jamás ha obtenido un presidente español desde el inicio de la transición.

La batalla asturiana, que ayer cerraron allí los líderes nacionales del PP y del PSOE, es de una menor incidencia política que la andaluza, aunque también tiene su interés. El origen de estas elecciones del Principado está en la disolución adelantada de su cámara regional por el presidente ahora en funciones Francisco Álvarez Cascos que no encontró apoyo a sus Presupuestos, ni a su gobierno minoritario ante su negativa de pactar, como cabía de esperar, con el PP. Partido al que Cascos imponía sus condiciones sin aceptar las propuestas de los populares, después de impedir entre ambas formaciones, un acuerdo en el ámbito municipal y de pretender sin éxito en Madrid un grupo parlamentario de su FAC en el Parlamento nacional.

Ahora, Cascos sin reconocer su fracaso como el presidente de Asturias –siempre le echa la culpa a los demás- ni su incapacidad para pactar con nadie desde su minoría mayoritaria –como lo han hecho otros presidentes autonómicos en Cataluña, el País Vasco, Navarra o Canarias- vuelve a las andadas agrediendo al PP con el discurso falaz de que existe un pacto secreto entre el PP y PSOE, lo que ha sido el centro de su campaña electoral. Si esto fue así Cascos no puede pretender, después de las elecciones y si resulta el partido más votado y con más escaños, que el PP le ofrezca su apoyo para gobernar después de haberlos agredido con saña con semejante discurso. Por lo que Cascos, con el FAC, o logra una mayoría absoluta o deberá quedarse sentado en la cámara regional asturiana como diputado de a pie durante cuatro años, dejando que gobierne la izquierda. A no ser que el PP sea el partido más votado y en ese caso tendría que ser el FAC el que apoye a ese posible gobierno de las huestes de Rajoy, quedándose Cascos en la silla de diputado regional si es que lo aguanta y no regresa a Madrid.

Porque lo que Cascos no puede hacer –ni lo debe consentir Rajoy- es agredir al PP en Asturias y en Madrid (por más que apoyaran la investidura de Rajoy con un solo diputado que no aportaba nada) y ahora volver a exigir a los populares que lo aúpen en Asturias y le den cuerda a ese “monstruo” unipersonal del FAC que inventó para su jubilación política el ex secretario general y ex ministro del PP y de Aznar.

El PP, si no gana las elecciones asturianas, debe cortar por lo sano con Cascos y quedarse en la oposición impidiendo a su “agresor interno” –de la derecha regional- del FAC que se convierta en el cacique local y en un permanente problema para el PP asturiano y para el gobierno de Rajoy. Además, está por ver quién es el que se esconde tras las siglas misteriosas de P.A.C. que aparecen en investigaciones policiales del caso Gürtel, y como explica Cascos los 18 contratos (para no hacer concurso público) de Aena a favor de las gentes de Correa, el jefe de Gürtel cuando el ahora líder del FAC era ministro de Fomento.

De manera que si en Asturias se produce un extraño empate entre FAC, PSOE y PP y no hay mayorías claras para gobernar, el PP lo que debe hacer es no apoyar a Cascos para que los machaque, allí y a nivel nacional, y se convierta en otro cacique regional. Si el PP no recibe más votos que el FAC entonces debe dejar que sea la izquierda quien gobierne Asturias, como el PP lo ha hecho con el PSOE en el País Vasco o con CiU en Cataluña. Todo lo demás son ganas de apoyar a un unipersonal partido regional. O ¿acaso piensa Cascos, si gana las elecciones, pedirle perdón a Rajoy y al PP asturiano por haberles acusado de tener un pacto con el PSOE, para pedirles tras las elecciones que lo voten a él como presidente asturiano? Lo de las elecciones asturianas es un extraño laberinto que Cascos ha provocado por su incapacidad de pactar en junio, cuando empezó bien con su primera victoria, pero luego siguió por una senda demencial de soberbia y autoritarismo al negarse en junio pasado a un pacto justo y global (también en municipios) con el PP. Y ahora todo apunta a que nadie sacará el domingo una mayoría absoluta para gobernar, por lo que Cascos que es el autor de semejante desaguisado y adelanto electoral debería quedarse en la oposición. Y si el PP, con masoquismo y resignación, lo ayuda después de haber sido insultado por el FAC y hace algo a favor de Cascos, allá ellos porque tarde o temprano lo pagarán.

www.pablosebastian.com

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