Nº 1468 -  20 / IV / 2014 
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Retablos financieros

La ‘spanish siesta’

Primo González
 

No ha sido muy complaciente Wolfgang Münchau, el conocido columnista de Financial Times, en su último comentario sobre España que ha visto la luz este lunes. Münchau mantiene su pesimismo sobre el futuro de la economía española y repite de nuevo algunas de las constantes que ha lanzado sobre la economía española: el precio de los inmuebles aún está lejos de haber tocado fondo y la deuda del sector privado español, superior a la deuda del sector público con gran diferencia, es uno de nuestros problemas más serios, si no el que más, a la hora de frenar la recuperación de la economía. Münchau cree que España vive todavía una especie de siesta, que retrasará no uno o dos años respecto al resto de Europa nuestra salida de la crisis, sino un decenio.

Todos los pronósticos son válidos cuando se refieren al futuro, pero la severidad de las predicciones del analista británico resulta un tanto sobrecogedora. Una de las claves de nuestra proyección económica futura será, en su opinión, la aceleración del desapalancamiento de las empresas españolas de gran tamaño. Es decir, la reducción de su elevadísimo nivel de deuda, con el que algunas empresas privadas se armaron de osadía en los años para comprar por todos los rincones del planeta activos empresariales.

España vivió una etapa de crédito fácil y barato, que familias y empresas aprovecharon para comprar todo tipo de propiedades. Las familias, como es lógico, compraron viviendas en propiedad, con un afán patrimonialista y de ahorro mal entendido. Las empresas expandieron sus actividades en el exterior comprando activos de todo tipo, básicamente empresas rivales o sencillamente atractivas, siempre con recurso al crédito. De ahí la situación de excesivo endeudamiento que padecen empresas y familias en los momentos actuales, lo que es un problema para el sector financiero y, de modo especial, para las cajas de ahorros, por la especialización de estas últimas en el sector vivienda.

Hay una diferencia bastante sustancial entre la deuda de las familias y la empresarial, que quizás algunos análisis pasan por alto. Las deudas de las familias se centran en bienes inmuebles, cuyo precio ha caído de forma sustancial en los últimos años. Algunos – Münchau entre ellos – aseguran que lo que queda por venir en este aspecto es similar, es decir, que la caída del precio de la vivienda se encuentra a mitad de camino, por lo que resta aún otro 25% ó 30% de descenso en los dos o tres próximos años en los precios de los pisos. O sea, que los préstamos hipotecarios tienen todavía un elevado grado de toxicidad. Es difícil rebatir estas previsiones, pero de ser ciertas el sector financiero tendría todavía por delante un problema de saneamiento adicional bastante serio.

Otra cosa distinta es la deuda de las empresas, en donde sí se han detectado algunos casos de activos tóxicos. Un caso típico ha sido el de la participación de Sacyr en Repsol, cuyo precio cayó de forma considerable, de manera que el crédito pedido para adquirir estas acciones se quedó por encima del valor del activo, ocasionando un serio quebranto a la constructora cuando se vió obligada a vender parte de su participación en la petrolera para hacer frente a la renovación del crédito. Hay otros casos, algunos bien detectados, otros no tantos. Pero el grado de toxicidad de la los créditos concedidos a empresas españolas para comprar activos, sobre todo en el exterior, no guarda relación con el caso de los créditos hipotecarios. Muestra de ello es que algunas empresas españolas están vendiendo activos en el exterior con interesantes plusvalías. Además, ni estos activos se han depreciado como los inmuebles ni dejan de producir, a diferencia de los pisos, interesantes beneficios. Más que interesantes en algunos casos.

La deuda del sector privado español es excesiva y no tiene parangón en nuestra historia económica. Posiblemente se encuentra a estas alturas en torno al 240% del PIB. Los datos de Eurostat la situaban hace algo más de un año, finales de 2010, en torno al 227%. Los activos “tóxicos” en los balances de los bancos españoles son por lo tanto una parte del problema que tiene la economía española. Pero convendría distinguir los diversos componentes de la deuda privada española ya que no toda ella está financiando la compra de activos ruinosos ni depreciados. Münchau pide que a la empresa española se le obliga a un plan de desapalancamiento (reducir deuda) a tres o cinco años de plazo y que de esta forma se evitarían problemas a corto y medio plazo en la economía, sobre todo porque hacer recaer todo el ajuste en el sector público no es la mejor panacea para reactivar la actividad. Es una propuesta que quizás no haya analizado en profundidad el contenido del endeudamiento del sector privado español en estos últimos años, en donde no todo es tan malo como se presupone.

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