Nº 1686 -  24 / XI / 2014 
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Espacio de batientes

Irán y la curva de Laffer

José Javaloyes
 

Cuando se cumple el primer aniversario de la revuelta árabe por Siria en medio de una crueldad recrecida en la represión, y mientras el fraternal Irán de los ayatolas le añade incógnitas de mucho bulto a la reelección que Barack Obama espera en noviembre; mientras que la probabilidad de un ataque a la República Islámica es considerada de soslayo, la situación que se recrea a propósito de Irán, repitiéndose en cierto modo, es la del arranque de los años 80 del pasado siglo cuando, según fuente creíble, un Ronald Reagan que había vencido al presidente Carter, tras de su brillante gestión económica como gobernador de California – desde el paradigma fiscal conservador abanderado con la curva de Laffer (a partir de determinado nivel de presión impositiva la recaudación desciende en vez de subir) -, dirige un mensaje al Imán Jomeini, a través de la Embajada de Suecia en Teherán, puesto que las relaciones con Washington estaban rotas tras del asalto de la legación estadounidense por las turbas revolucionarias, y la toma como rehenes de sus diplomáticos y funcionarios, un mensaje, digo, con el recado de que si no libera a los rehenes antes de pasados los 20 días de su toma de posesión, Estados Unidos destruiría el país con un bombardeo atómico. Cuarenta y ocho horas antes de que expirara el plazo, todo el personal retenido fue puesto en libertad.

“Se non è vero, è ben trovato”. Abunda en la verosímil condición de esa historia el decidido talante de aquel presidente norteamericano, que no sólo se decidió a bombardear la residencia de Nuamar Gadafi en Trípoli como respuesta a un atentado terrorista en Alemania que mató a varias soldados estadounidenses, sino que tuvo el coraje de cuestionar el paradigma fiscal de socialdemócratas y keynesianos (algo en cuya estela se montó la señora Tatcher para ejecutar la revolución conservadora, desmontando el poder de los sindicatos británicos al cabo de un pulso huelguístico de más de un año de duración.

La guerra árabe-israelí de 1973, con la movilización política de los precios del petróleo, había alterado por su base el modelo económico que hizo de los años 60 la década dorada en el mundo occidental. Pero, sobre todo, lo de la “curva lafferiana” del Reagan que rescató a los rehenes de las manos de Jomeini (cuyos herederos han puesto sobre el tapete nuevamente la cosa nuclear, con el riesgo de desenlaces cataclismales por razones tan distintas de aquellas, y con el petróleo nuevamente condicionador de las opciones políticas y económicas) el problema de la fiscalidad en contextos de crisis tiene, obviamente, una puntualísima lectura para españoles.

Algo sintetizable en la aparente contradicción programática del Gobierno de Mariano Rajoy entre sus promesas contra la elevación de impuestos y la necesidad de atenerse a la pinza formada por las falsedades del Gobierno saliente sobre la entidad real del déficit y las exigencias de Bruselas respecto de los plazos para su reducción.

Convengamos sin embargo en la realidad de que estamos ante contradicciones a término. También, y por lo mismo, que en el orden de los principios rectores de la política económica, no entiendo que se haya producido abjuración alguna. Lo que sucede en realidad es que para volver a la observancia estricta de aquello a dónde lleva la “curva de Laffer”, es algo que no puede hacerse ahora por la línea recta. Tan claro y tan imposible como el empeño de los sindicatos en ignorar cuanto han cambiado las cosas en España. Por mucho que se empeñen las urnas no van a ser rehenes de la calle.

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