Nº 1471 -  23 / IV / 2014 
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Universo infinito

Historias de la radio

Ramón Tamames
 

I. Entre Mcluhan y Antonio Herrero

Si no estás en los medios, es como si no se existieras… tantas veces se ha dicho eso, en la línea de McLuhan de que «el mensaje es el medio». Un semiaforismo aplicable a toda la comunicación, tanto de la actualmente vituperada, galaxia Gutenberg (prensa y libros), como en lo que concierne a la galaxia McLuhan: cine, radio, televisión, y actualmente las múltiples facetas de internet y del teléfono móvil, las tabletas, etc.

Escribí este pasaje de mis recuerdos mediáticos, en primera redacción, en marzo de 2008, el día en que la parca se llevó a Alejo García, uno de los viejos roqueros de Radio Nacional de España (RNE), en cuyos obituarios se subrayó que fue él quien, el 9 de abril de 1977 sábado santo rojo, anunció a toda España que el PCE había sido legalizado; en una entrevista que me hizo para RNE. Me comunicó con la sede pecera de la calle Peligrosen la noche de aquél día.

Tras ese introito, diré que mis primeros contactos con la radio privada se remontan a algunos años antes del 77, cuando Luis del Olmo, el más veterano de todo el mundo hertziano español, me envió un equipo de su programa Protagonistas a la Universidad Autónoma de Madrid, para transmitir una de mis clases de Estructura Económica. Por cierto, con gran expectación, por parte de los alumnos, que también intervinieron con toda libertad en el happening.

Pero mi estreno como asiduo de la radio se produjo mucho después, superados ya los años de mayor efervescencia política, después de los tiempos en que asistía con frecuencia a programas de televisión, como La Clave de José Luis Balbín. Concretamente, la primera cadena de radio con que entré como colaborador remunerado fue Antena 3, que por aquel tiempo tenía sus estudios en la calle Oquendo de Madrid, cerca de la Plaza de la República Argentina; zona muy grata y casi equidistante de casa y de mi despacho. Allí empecé a participar en las tertulias de la mañana de Antonio Herrero, con quien ya antes había tenido algunas entrevistas políticas.

Antonio Herrero me dijo que le gustaría que yo colaborara de manera periódica como tertuliano en La mañana de Antena 3. Idea sobre la cual conversamos tomando un café cerca de la emisora, en el vecino Vips del cruce de Velázquez con López de Hoyos. Allí convinimos los términos de la colaboración, incluyendo un cierto estipendio, de modo que a partir de entonces, participé todas las semanas en la tertulia que él conducía. Para empezar, en Antena 3, y cuando ésta se vendió al Grupo Prisa —que virtualmente la compró para desmantelarla, en beneficio del cuasimonopolio de la SER—, pasamos a la COPE.

La compra de Antena 3 por el Grupo Polanco, dejó en la calle el programa de Herrero, y en ese trance, Herrero nos indicó a un grupo de tertulianos que podíamos tomar la decisión que quisiéramos, pero que a él le gustaría que continuáramos relacionados en una tertulia como la que habíamos mantenido hasta entonces, para lo cual él buscaría una nueva emisora.

Realmente, mi posibilidad como radiofonista, que se dice en los países hispanohablantes de América, podría haber empezado mucho antes. Pues sería en torno a 1982, cuando un día me llamó Don Rodrigo Rato —cuyo hijo del mismo nombre luego sería Ministro de Economía y Hacienda, director-gerente del Fondo Monetario Internacional, y luego presidente de Bankia— me llamó por teléfono. Y después de las salutaciones del caso, mantuvimos la siguiente conversación:

- Tamames, ya sabe que tengo una red de emisoras…

- Naturalmente, Don Rodrigo, claro que lo sé: la célebre Rueda Rato, que la llaman. A ella me convocan cada lunes y cada martes… sobre todo Virginia Wolf, para preguntarme por cualquier cosa…

- Claro, claro. Por eso mismo me permito comunicarme con Vd. porque le oigo en esas intervenciones, y me gustan. Así que había pensado en hacerle una propuesta.

- Vd. me dirá, Don Rodrigo, como se dice coloquialmente, soy todo oidos…

- Pues nada, que si Vd. quiere puede hacer una aparición diaria en nuestra cadena, con una especie de saludo a España y habla de lo que quiere durante cuatro minutos…

- No está mal, qué le voy a decirle… Naturalmente tendría que tener toda la libertad del mundo para hablar de lo que quisiera…

- Garantizado: Vd., puesto al micrófono, podrá decir lo que quiera…

- Y de estipendio, ¿qué?

Le oí medio riendo, porque debería esperarse la pregunta, y después de una brevísima pausa, me dijo:

- Poca cosa, Don Ramón, porque en la Rueda Rato somos muy pobres…

- Sí, sí, ya lo sé: solo puedo esperar un pequeño óbolo…

Don Rodrigo, que era muy simpático, se rió ya sin remedio. Y me dio una cifra de retribución mensual, que a mí me pareció ínfima. Se lo dije, y siguiendo la expresión coloquial de no apearse del burro, no llegamos a un acuerdo. Siguieron llamándome de la Rueda Rato, hasta que el inteligente de Don Rodrigo se la vendió a la Once por varios miles de millones (ejem… eran muy pobres), cuando pasó a funcionar como Onda Cero. Con el tiempo, Onda Cero se enajenaría nuevamente, esta vez al Grupo Planeta.

Volviendo al hilo narrativo tomado antes, mi asiduidad a la radio, mi segunda y definitiva colaboración en el programa de Antonio Herrero recomenzó tras una espera de dos o tres meses, hasta que nuestro líder radiofónico encontró una nueva ubicación, en la COPE, la red de emisoras de la Conferencia Episcopal Española, con una sigla que corresponde al nombre ya casi olvidado de Cadena de Ondas Populares Españolas.

La reanudación de esas actividades comportó que yo pasara a tener dos días de presencia en la tertulia. En cambio, algunos de los antiguos tertulianos de Antena 3, que no tuvieron paciencia de esperar, y más o menos ocasionalmente aparecieron por otras emisoras, se encontraron en una situación bastante decepcionante para ellos, cuando Antonio no les llamó para seguir en una COPE resurgente a toda velocidad.

La experiencia de la radio fue gustándome más y más, y desde aquel año de 1986 u 87, ya no dejé de ser tertuliano activo; primero con Antonio Herrero como he dicho, y después con Luis del Olmo. Pero de todo eso seguiré informando a lo largo de las dos próximas entregas de este artículo. Y como siempre, quedo a la disposición de los amigos de República.com en castecien@bitmailer.net.

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