Nº 772 -  24 / V / 2012 
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OPINIÓN

Guardiola convierte su contrato en hecho diferencial

Julián García Candau
 

Pep Guardiola se sabe importante y se hace de rogar. Cada año convierte la renovación de su contrato en cuestión capital para el barcelonismo. Ha hecho de su actitud un hecho diferencial. Una singularidad. Todos los entrenadores desean contratos a largo plazo porque, en el peor de los casos, hay que pagarles la correspondiente indemnización por despido improcedente. Guardiola va de temporada en temporada para dar trascendencia al sí.

El Barcelona aguarda a que deshoje la margarita. La directiva hay momentos en que llega a dudar. Los jugadores le animan a que firme el nuevo contrato y la grada se impacienta. Nunca un entrenador ha logrado tener en vilo a tanta gente. Hace pensar en el cuento del lobo y que alguna vez acabará diciendo no.

Guardiola lee a poetas catalanes y mantuvo buena relación con Miquel Martí i Pol, poeta al que recita. Se ha creado aureola de cierto carácter intelectual. Ha rodeado su figura de cierto misterio dado que no concede entrevistas a los medios, salvo cuando ha de conversar amparado en la publicidad del Banco de Sabadell –todo queda en casa- y se limita a atender a los medios en conferencias de prensa.

El misterio de la incertidumbre que causa tal vez solamente lo pueda desvelar el ex waterpolista Manel Estiarte, que se ha convertido en una especie de director de imagen. Dicen que hasta fue cosa suya el colocarle el pañuelo blanco en el bolsillo superior de la chaqueta. Es el toque de distinción en su siempre elegante modo de vestir en el banquillo barcelonista. No se le imagina con chándal dando órdenes.

El entrenador catalán es comedido en las declaraciones para los medios y es discreto en su vida personal. Ni siquiera pronuncia frases grandilocuentes referidas al fútbol como han hecho siempre sus colegas. Nos va a costar recordar una sentencia como la de su antecesor en el Barça, Helenio Herrera, quien dijo aquello de que “con diez se juega mejor que con once” y “ganaremos sin bajarnos del autobús”. Ladislao Kubala también tenía sus sentencias siempre respetuosas: “Chicos bien, moral óptima”.

Guardiola, según los guardiolistas, que los hay, acabará firmando nuevo contrato. Hasta que tal suceda ocupará páginas en los diarios deportivos y por vez primera ya hay quienes se aventuran a pronosticar que el club maneja una lista de varios entrenadores que gozan de su predilección para sustituir a Pep. Si finalmente, y de manera sorprendente, deja el banquillo azulgrana lo hará con la intención de un regreso triunfal. Si como parece la acaparación de títulos ya no es posible, porque los ha de repartir con el Madrid, un par de años sin él en el Camp Nou crearía tal añoranza que regresaría entre el entusiasmo de la masa “culé”.

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