La conquista de la décima Copa de Europa se ha convertido en obsesión para el Madrid. La sueña cada año. En Moscú dio otro paso hacia ella. Eliminar al CSKA no parece que vaya a ser difícil aunque en el último minuto se dejara empatar. El error, sin embargo, no fue cargar con la igualada, sino el no haber aprovechado la sesión para regresar con la eliminatoria sellada.
Ganar en Moscú no era un imposible y mucho menos de acuerdo con el juego desarrollado. El partido no tuvo grandes emociones e incluso se puede achacar al equipo madrileño falta de ambición y disposición para rematar a gol. El guardameta ruso tuvo al menos un par de intervenciones lucidas, pero no le complicaron la vida mucho más.
El Madrid, que posee gran capacidad en ataque, prodigiosa manera de resolver los partidos, debió conformarse con el solitario gol del primer tiempo logrado por Cristiano. Es cierto que marcar fuera de casa concede grandes opciones para pasar la eliminatoria. Contra un equipo que lleva dos meses sin competir, a causa del crudo invierno del país, el equipo madrileño debió hacer valer más su calidad.
El empate, no obstante, concede ventaja. Es impensable que en el Bernabéu el Madrid se deje sorprender a pesar de que en los últimos encuentros ha recibido más de un gol inesperado. El camino hacia la décima se ha vuelto a abrir. Pasar de octavos de final está cantado. El próximo sorteo ya definirá cuartos de final y semifinales. Será momento de volver a soñar. Siempre y cuando el adversario de una de las próximas eliminatorias no sea el Barcelona. Al equipo catalán lo quiere el Madrid para la final. Es decir, a partido único. En doble confrontación ya se sabe que sale perdiendo.