Hay un billón de euros en créditos hipotecarios de saldo vivo, según las cifras de cierre del año 2011 anunciadas este lunes por la asociación que integra a los bancos y cajas que se ocupan de la financiación hipotecaria en España. Este billón es la deuda viva que tienen los tomadores de crédito con el sistema bancario. A lo largo del año 2011, este saldo ha disminuido en unos 67.000 millones de euros, un 6%, caída que acelera la experimentada ya el año anterior, que había sido del 2%. Las amortizaciones de créditos hipotecarios están aportando en suma más actividad que las contrataciones de nueva financiación.
Las cifras vienen a reforzar la idea de que el resurgir del crédito en España es asunto de poca probabilidad. La suma de una menor actividad en el mercado de la vivienda, de una menor presión por parte de los demandantes de crédito y una actitud más bien restrictiva de las entidades financieras, explican en conjunto este frenazo del crédito inmobiliario. Los autores de la reforma financiera recientemente aprobada estaban convencidos de que uno de los argumentos principales que validaban esta reforma era el de poner a bancos y cajas en condiciones de mayor fortaleza financiera para afrontar una reactivación del crédito.
Nada más lejos parece quedar en evidencia cuando se examinan las cifras de la financiación hipotecaria, que en el caso del sistema financiero español han venido representando más del 62% del saldo crediticio en manos de las entidades financieras, por cierto con unos niveles de morosidad bastante más modestos que los del resto de la actividad crediticia, ya que rondan el 2,6%. El frenazo de la actividad hipotecaria parece que va para largo, según aseguran los expertos tanto de los asuntos inmobiliarios como del sector financiero. Los compradores potenciales, que han visto reducirse los precios de los pisos de forma considerable en los últimos dos años, están a la expectativa de nuevos descensos. Algunos expertos inmobiliarios hablan de un 20% de caída adicional en el precio de las viviendas y de los inmuebles de diverso uso. Es por lo tanto bastante lógica la disposición más bien escasa que muestran los compradores potenciales, quienes por lo general no tienen mucha prisa a la hora de adquirir una vivienda y optan por dilatar la decisión a la espera de precios más bajos.
Esta postura más el hecho de que un hipotético despertar de la demanda de viviendas (y por lo tanto del crédito hipotecario) depende de otros factores como la situación del empleo y, por lo tanto, la existencia de mayor número de compradores potenciales con capacidad para endeudarse y convencer de ello a las entidades financieras para que no les denieguen el crédito, permiten suponer que a lo largo del año 2012 no se va a producir un despertar de la financiación hipotecaria. Por muy saneadas que estén las instituciones financieras, el despertar del crédito depende hoy por hoy, como en los últimos años, de la demanda. Y el despertar de ésta no parece cercano.
Hay otro factor que en los años del esplendor crediticio facilitaba el rápido crecimiento de las cifras y a la postre la fluidez con la que se desenvolvía la concesión de créditos para la compra de viviendas. Esa fluidez tenía uno de sus principales impulsos en el abaratamiento gradual del crédito, de forma que hemos llegado en los últimos meses a tipos de interés situados en mínimos históricos. Las nuevas circunstancias en las que se mueve el sector financiero pueden provocar, sin embargo, un encarecimiento de la financiación hipotecaria, lo que dificultaría aún más el resurgir del crédito como esperan las autoridades.
Los tipos hipotecarios aplicados a las operaciones de crédito sobre vivienda están en fase de reconsideración. La época de tipos hipotecarios bajos, con el Euribor como eje de todo el sistema de fijación de los tipos de las hipotecas, podría pasar pronto a mejor vida y ser sustituidos por otros mecanismos más exigentes (y más caros), que tengan una relación más directa con los demás tipos de interés del mercado de particulares. Los bancos están en fase de reconsideración de su estrategia de tipos de interés hipotecarios, ya que con los niveles actuales las cuentas no salen.