No cabe llamarse a engaño, el poder del PP está en la Moncloa y allí manda el presidente Rajoy –y ahora mas que nunca- con la estrecha colaboración de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, de ahí que las lecturas sobre el nuevo reparto de poder en el seno del Partido Popular merecen ser matizadas. Porque Cospedal que se ha empeñado en compartir la presidencia de La Mancha con la secretaría general del PP –lo que constituye un desprecio para los manchegos y un pluriempleo difícil de explicar y de ejercer- irá a remolque del Gobierno, si es que puede seguir el paso y además se ha encontrado un “tridente” en las tres vicesecretarías donde no tiene apoyos sino mas bien reticencias, y donde Javier Arenas se perfila como hombre fuerte del partido, máxime si el 25 de marzo se alza con la presidencia de Andalucía.
Arenas que, por otra parte, ha puesto al frente de la Organización que antes llevaba Ana Mato a una persona de su total confianza, y no de la de Cospedal, como es el extremeño Carlos Soriano; y que ha colaborado con Soraya Sáenz de Santamaría para lograr que Esteban González Pons permaneciera en la tercera vicesecretaría (de programas y estudios), algo a lo que se oponía Cospedal, por más que Pons haya perdido su puesto en la Comunicación. Por lo que el verdadero “tridente” del poder del PP lo integran Rajoy, Arenas y Sáenz de Santamaría, mientras Cospedal permanece en la secretaría general a tiempo parcial. Y a no olvidar que es la vicepresidenta, en su calidad de Portavoz del Gobierno, la que a fin de cuentas controla la comunicación e información tanto del Gobierno como del PP.
En realidad queda todo casi como estaba, pero el poder del PP se instala en Moncloa y Arenas cambia a Mato por Floriano. Y lo ha hace el andaluz consciente de la influencia que tiene en el PP el aparato de la Organización, lo que ha sido posible porque Rajoy tiene en Arenas a su número dos del PP –por encima de Cospedal- como tiene a Soraya de número dos del Gobierno. Y es que, por más que el presidente Rajoy presuma no deberle nada a nadie, tal y como lo dijo en su discurso de ayer, eso no es así porque: algo le debe a José María Aznar que lo nombró su sucesor; y a Arenas que fue quien lo arropó tras la derrota electoral de 2008, frente a las ambiciones de Aguirre y otros conspiradores internos.
No deja de ser llamativo el empeño de Rajoy –sobre todo ahora que está en la cima del poder- de hablar de su “independencia”, o del poco aprecio que tiene por “la prensa” a la que dice que no atiende ni escucha, o cuando reitera lo de que no le debe nada a nadie. En cierta manera se entiende que, después de todo lo que ha pasado y los ataques sufridos política y personalmente, desde fuera y desde dentro del PP tras ocho largos años de oposición, Rajoy se reafirme ahora en sí mismo con esas declaraciones que anuncian un implacable “ahora voy a ser yo”, como si quisiera ajustar cuentas con algunos, o políticamente “matar a su padre Aznar” (que sigue dando consejos como ayer con ETA).
O lanzar una advertencia a la zona “ultra” de los populares como los que merodean por FAES, por donde suele circular Esperanza Aguirre, la que por cierto estuvo suave como un guante en este Congreso del PP, donde dio por perdida su ambición de liderar el PP, aunque consiguió el “indulto” de Ignacio González, mientras Gallardón colocaba a Manuel Cobo en la dirección.
Rajoy avisa a navegantes del flanco del estribor mas radical del PP, y también envía veladas advertencias a ciertos banqueros y dirigentes de empresas que lo han maltratado mientras adoraban al desastroso Zapatero en los últimos años y meses. Y de ahí lo de su “independencia”, lo que en política y máxime en España no es nada fácil de conseguir –a ver si les ponen impuestos a ña Iglesia como Monti en Italia y si Rajoy es independiente de la señora Merkel-, y mucho menos en esto del periodismo, o de “la prensa” como lo llama Rajoy con un cierto desprecio y generalizando. Lo que no es justo ni parece propio de quien, por otra parte, dice tener entre sus valores intocables la libertad. Quizás Rajoy se refiere a “cierta prensa” sectaria o más bien activista y manipuladora. La que, por ejemplo y desde El Mundo, quería colocar a Carme Chacón al frente del PSOE y a Aguirre al frente del PP.
Pero el presidente sabe que los medios de comunicación son uno de los pilares cruciales de toda Democracia, máxime en el tiempo de la sociedad comunicada y a toda velocidad en el que vivimos. Como conoce los servicios prestados a la Democracia y libertades por muchos periodistas españoles en últimos años del franquismo, en la transición y en momentos cruciales como el golpe de Estado del 23-F, el crimen de Estado de los GAL, la corrupción, la guerra mentirosa de Irak, los atentados del 11-M, la lucha contra Eta, etcétera.
Rajoy lo sabe y no debería generalizar ni hablar con ese desdén de algo tan importante como la libertad de expresión. Y baste con recordar alguna de las muchas frases que Thomas Jefferson pronunció a este respecto: “nuestra libertad depende de la libertad de prensa y esta no puede limitarse sin perderse”. Y no digamos cuando dijo lo de “prefiero un país sin Gobierno pero con periódicos, y no un Gobierno pero sin ellos…”.
Pero es verdad que Rajoy ayer vivó una catarsis final de su gran triunfo político y de su llegada a la meta tras una larga y dolorosa para él y su partido travesía del desierto político. Y por eso hizo ayer esas reflexiones en voz alta sobre su intimidad como cuando aludió a sus “silencios” o al “manejo de los tiempos”, para decirnos al final que “piensa mucho” y que toma decisiones muy pensadas, algo que creemos y esperamos por el bien del país. O cuando desveló que él, en el PP, había sido muy “obediente” –en el periodismo eso no puede se puede admitir-, de lo que se deduce que ahora le toca mandar. Y no deja de ser algo “infantil” que Rajoy presuma de haber conseguido mantener en secreto –como lo hizo con la lista del Gobierno- la lista de los nuevos dirigentes del PP, como si con ello se tomara una cierta revancha o venganza con “la prensa” cuando lo cierto es que eso es solo un juego que no tiene mucha importancia. Aunque revela el estado de ánimo de un campeón que acaba de conquistar el título muy a pesar de que muchos trataron de impedírselo y nunca creyeron en él.
Un presidente que hoy tendrá en España su primera prueba de fuego con las manifestaciones que los sindicatos han convocado en contra de la reforma laboral, anunciando que las calles de todo el país serán “un clamor”. Veremos si eso se confirma aunque lo que si sabemos es que la aprobada reforma laboral ha provocado en muchos ciudadanos preocupación y temor, y con razón.