Nº 1661 -  30 / X / 2014 
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OPINIÓN

Carta a la canciller alemana Angela Merkel

Javier Pérez Pellón
 

Excelentísima Sra. Canciller del IV Reich: Se, de antemano, que al escribirle esta carta, los pocos lectores que se entretengan en ella, queridos colegas, gentes de “malaffare”, como se dice por aquí, esto es, del hampa, deshonestos, inmorales, como una muy buena parte de la “casta política”, a la que se la acomuna a un prostíbulo e, incluso, el gentío poco o nada informado, me llenarán de improperios y de insultos. Y ello porque la considero no sólo la persona más capacitada y preparada para ejercer el oficio de la política de cuantos lideran, hoy día, instituciones y gobiernos de la Unión Europea, sino, también, la más honesta, la más moral, con esa rígida moralidad característica que sólo un cristiano, cristiana, de profunda fe y formación luterana puede profesar. Y, por esto, naturalmente, la más fiable. Teniendo en cuenta, por supuesto, que tanto en “las cortes” de Bruselas y de Estrasburgo, como en otras capitales europeas, aunque escaseen, se puedan avistar personajes muy válidos e intelectualmente muy preparados, pero de cuya moralidad no me arriesgaría a poner las manos sobre el fuego.

La principal motivación de esta carta ya está expresada en las líneas escritas más arriba. Pero existen otras que, lo más brevemente posible, quisiera enumerar: ante todo su ser alemana. Yo siempre he sentido una, diría, fascinante atracción a todo lo que es alemán, a todo aquello que su noble nación ha dado a la filosofía, a la ciencia, a la música, a la cultura en general. El “made in Germany”, ha sido siempre, continúa siéndolo, una etiqueta de absoluta garantía, de casi ciega fiabilidad. Quizás esta mía “debilidad”, alguien dirá que bobalicona admiración, me viene de muy pequeño, de cuando niño y en los terribles días de nuestra guerra civil, hospedamos, en nuestra casa de Valladolid, “zona nacional” desde las primeras jornadas de la contienda, a oficiales “voluntarios” italianos y alemanes, es decir, a los aliados que ayudaron a Franco a salir vencedor de todo aquel trágico embrollo. En mi recuerdo quedaron grabadas las imágenes de aquellos soldados, a los que mi imaginación había convertido en héroes, con sus uniformes grises que les caían como una percha sobre sus viriles espaldas, sus botas negras de media caña brillantes y lucientes como un espejo, serios y respetuosos.

Debo, no obstante, confesar que se me cayeron, un tanto, los palos del sombrajo cuando, ya pasado bastante tiempo, descubrimos las atrocidades de Ausvchwitz. Pero eso sucedió después, mientras tanto su intervención, junto con la italiana, había sido decisiva para poner la balanza de la parte que la mayoría de los españoles consideraba justa. Y de ello, estudiando la historia, sin filias ni fobias, reflexionando sobre aquello que hubiera tenido como exclusiva finalidad el bien de mi patria, mi tierra, mi deber sería el decir, y lo digo: ¡gracias Alemania! Porque si hubieran ganado “los otros”, – es una hipótesis fundada en los hechos y los personajes que lideraban el frente popular, Largo Caballero, el Campesino, Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo… quemando conventos, entregando el oro, toda la reserva monetaria del país, en manos de la Santa Madre Rusia, asesinando masas de inocentes que no comulgaban con el catecismo comunista, causando el horror entre las personas dignísimas que habían apoyado el advenimiento de la República y que aún profesaban, en nombre de la libertad, como españoles que eran, la fe republicana..- , que, en el sólo pensarlo, se me erizan los cabellos. Nuestro destino hubiera sido el de convertirnos en un satélite más que giraba alrededor del “padrecito” Stalin dentro del firmamento de la “dictadura del proletariado”.

Y es por toda esta serie de consideraciones sobre mi agradecimiento hacia su pueblo que siento el deber de advertirle sobre un par de cosas.

Usted que de su padre Horst Kasner, pastor luterano, ha heredado la fe cristiana que cree en la dignidad de la vida humana y que ha traspasado esa su moralidad del terreno íntimo de su conciencia a la política, – diría Andrè Malraux que “no se hace la política con la moral, pero es imposible hacer política sin la moral” – , y, en consecuencia son suyas las declaraciones en contra del aborto, aunque acepte las leyes que lo protegen.

Sin duda habrá conocido e incluso dado la mano, supongo que se la habrá lavado y desinfectado concienzuda e inmediatamente después, a esa pesadilla vergonzante que los españoles hemos soportado durante estos últimos ocho años y que responde al nombre de J.L. Zapatero; ya sabe el del abuelo que combatió a las órdenes de Franco en África y durante la represión de la revolución asturiana de 1934. Pues bien, este insólito y desmemoriado personaje, tal que niega las “hazañas” guerreras del padre de su padre, con fecha del 5 de noviembre del 2010 firmó el decreto, que contrafirmaría el Rey de España, por el que se le concedía a la Sra. Bibiana Aído Almagro, ministra coño y miembra de su gabinete, la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, la condecoración más prestigiosa que concede el Estado español, creada por Carlos III con Real Cédula del 19 de septiembre de 1771, “con la finalidad de premiar a aquellas personas que hubiesen destacado por su buenas acciones en beneficio de España y de la Corona”. Sería de señalar, como anotación cómica-esperpéntica, que en la medalla figura la efigie de la Purísima Concepción.

Sin duda recordará, porque las ocurrencias de esta magnífica pedorra, a la que la posesión de la susodicha condecoración le otorga el tratamiento de Excelentísima, han dado la vuelta al mundo, ante la vergüenza callada y sumisa de la ciudadanía española, que fue esta Bibiana la que sentenció que “un feto de trece semanas es un ser vivo, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica”. Así, sin más, comparando y justificando el aborto, como si fuera un implante para aumentar la capacidad volumétrica de las tetas femeninas. Ante el horrorizado asombro de la comunidad científica internacional. Por no hablar de lo de “miembra”, intentando que tan desgramaticado término fuera admitido en la Real Academia de la Lengua española. Bueno, procediendo la prédica del fantasmagórico púlpito zapateril, cualquier cosa ha sido posible. Dejémoslo en otra pura idiotez del nutrido e imbécil anecdotario de aquella época.

Lo peor viene después y es que nuestro actual jefe de gobierno, el gallego Mariano Rajoy, no sólo ha seguido la senda del anterior, sino que la ha superado y con creces. En fecha muy reciente, 30 de diciembre del 2011, ha repartido condecoraciones de la Orden de Carlos III y de lazos de Isabel la Católica a toda esa ralea de ineptos ministros y ministras, algunos en olor de corrupción, que han formado el coro plaudente del domador de becerros J.L. Zapatero y que han llevado al desastre hasta su propio partido, el PSOE. Y así las cruces, medallas y lazos las ha concedido a boleo, como si fueran pipas o cacahuetes a la salida de una escuela, a la Señorita Trini, a Carmelilla Chacón, a Pepiño Blanco, a la Elena Salgado, a Manolito Chaves…convirtiendo el recuerdo del gran Carlos III en un contenedor de desperdicios y la firma del Rey Juan Carlos en una caca de establo vaquerizo. Quizás sea porque nuestro soberano que, personalmente, goza de todas mis más admiradas simpatías y mi más profundo respeto, se encuentra un poco ido últimamente, ya que sería difícil afirmar los contrario para quien ha avalado, con su firma, tamaña carnavalada.

No creo que esto de repartir condecoraciones, devaluando su alto significado simbólico, esté sancionado por ley actualmente vigente. Si así fuera habría que abolirla inmediatamente, por dignidad nacional. Se puede objetar, en caso contrario, que es costumbre, lo cual sería un error enorme ya que la costumbre no es fuente de la ley. Y eso usted, Sra. Angela Merkel, lo debe conocer muy bien ya que, recordando mis estudios de la Historia del Derecho, cuando cursaba la carrera de leyes en la Universidad de Valladolid, me enseñaron que la “gewohnheitsrecht”, derecho consuetudinario alemán, se remonta a la época de los longobardos, en el siglo X y no creo que sea este medalleo la ocasión oportuna como para trasplantarla a la España del siglo XXI.

Sin duda lo habrá estudiado, porque entonces usted no había nacido, la importancia que para las relaciones germano-españolas tuvo la fecha del 23 de octubre de 1940. Había apenas terminado nuestra Guerra Civil cuando un famoso antecesor suyo en la Cancillería alemana del III Reich, el austriaco de origen judío ¡manda memoles! Adolf Hitler, considerado el primer o segundo hombre político más importante del mundo y como su colega ruso Josef Stalin, también el más temido, tuvo a bien entrevistarse con nuestro jefe de Estado, Francisco Franco, de origen judío y de profesión gallego, aparte de sus galones y estrellas, como general, ganados con valor en la campaña de África.

La entrevista tuvo lugar en un vagón especial del “Erica”, el tren personal del Fürher. Hitler, ya lo sabe, quería que España entrara en guerra con la promesa que, una vez acabada, le recompensaría con Gibraltar y otras bagatelas. Franco, que ya sabía, por chivatazos recibidos de los servicios secretos del ejército alemán, que el III Reich estaba abocado a perder la guerra ante la inminente entrada en la contienda de los Estados Unidos, dio largas, pero qué muy largas, al asunto. El austriaco-alemán-judío se agarró un tremendo cabreo al sentirse engañado y defraudado por aquel cachondo militar que se le presentó con uniforme y gorro de campaña. “Prefiero que me arranquen dos o tres muelas sin anestesia, antes que volver a entrevistarme con Franco”, se dice que comentó Hitler con Mussolini, cuando, días más tarde, se encontró con el “Duce”. Así es que este gallego al que hoy quieren desenterrar de su sepultura, nos libró, sí nos libró, por milagro y por astucia, de una pero qué muy buena. Y España entera se lo agradeció, aunque, ahora, las historietas sobre la historia, de pura invención sociata surrealista, digan lo contrario.

La Sra. Angeles Alarcó, ha sido nombrada, recientemente, por M.Rajoy, Presidenta de los “Paradores Nacionales”, una joya del Corona. Los dos principales méritos profesionales son: uno que es la ex-cónyuge del todopoderoso Rodrigo Rato y segundo que es amiguísima de la alcaldesa de Madrid, Sra. Botella, nombrada a dedo sin elección popular y esposísima de Aznarín, el de “las armas de destrucción masiva” de Sadam Hussein y vil colaborador en el bombardeo de Belgrado durante la última guerra balcánica.

A la Sra. Alarcó, nuestro Don Mariano (Rajoy), en momentos de crisis, con más de cinco millones de parados, le ha asignado un sueldo de 180.000 euros anuales, tres veces más que lo que gana (oficialmente), él mismo, como presidente de gobierno.

En momentos de crisis, en días angustiosos de recesión, la Sra. Rosa Diez había propuesto en el Parlamento que tanto los ex-presidentes González (Felipe), que medio arruinó a España al presidir un gobierno de corruptos, como a Aznarín, que perciben sueldazos por sus asesorías y presidencias en empresas privadas, se les debería dejar de percibir la “limosna” estatal, nada desdeñable de 80.000 euros anuales ¡vitalicios!, revisables según el IPC, más coche oficial, más escolta hasta lo que duren en vida ¡Buuunn…! Vaya con esta populista de la Sra. Rosa Diez; ganas de presumir y de hacerse notar. PP y PSOE, rivales en política pero amiguetes en cuanto a la pasta se refiere, dicen que eso son chirlas y que además está capitulado en los presupuestos generales del Estado.

Mi muy estimada Sra. Angela Merkel, se lo pido, se lo ruego enfervorizado por el bien de mi país.

Cuando se encuentre con D. Mariano (Rajoy), que, creo, será muy pronto, y comiencen a platicar sobre nuestras cosas, tenga presente que está hablando con un personaje de profesión gallego.

Para comenzar escuche, pero desconfíe de cuanto le diga o proponga. Presupuestos estatales, medidas de crecimiento, bancos, ayudas a parados… que más de una trola tratará de endilgarle. No se fie, no se fie, que en mi país, contrariamente a lo prometido en campaña electoral, han congelado las pensiones, han aumentado los impuestos, han subido las tarifas de la luz, gas…

Llame a sus contables, a sus asesores económicos y fiscales. Qué repasen con lupa y detenidamente todas las cuentas y propuestas que le haga D. Mariano.

¡Por Dios! No quisiera que, por segunda vez, un gallego, rememorando a aquel otro, vuelva a engañar a un Canciller alemán. Aquel, por suerte, nos libró de la guerra. Con este mucho cuidado.

Ahora la batalla es económica y está en juego el futuro de mi país y de mis hijos. No vaya a suceder que tuviera que lamentarse “a posteriori” y hubiera preferido “que la arrancaran, de sus raíces, dos o tres dientes, antes de volver a encontrarle (a D. Mariano)”. Sería como mandarnos a la mierda, y con razón. Y entonces, si que ni Dios podría librarnos.

Atentamente, desde Roma, su rendido admirador. J.P.P.

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