La situación de Repsol YPF en Argentina se ha empezado a complicar en los últimos días al tiempo que se escuchan, por primera vez en bastante tiempo, voces que claman por una nacionalización de la compañía. Una renacionalización más bien, ya que YPF (la histórica Yacimientos Petrolíferos Fiscales) fue adquirida por Repsol en el año 1992 por unos 15.000 millones de dólares, en lo que ha sido la mayor inversión de la petrolera española en toda su historia. Ahora, YPF es una filial en la que Repsol ha ido vendiendo participaciones, la mayor parte bajo presión política y a socios argentinos, básicamente la familia Ezkenazy, que controla alrededor del 25% de la petrolera. La sombra de Aerolíneas Argentinas, la desdichada historia de la compañía aérea adquirida por Iberia en la ola privatizadora de los años 90, luego propiedad de Marsans y finalmente nacionalizada en el año 2008, planea sobre las siempre complejas relaciones entre Madrid y Buenos Aires.
La producción histórica de petróleo de YPF había declinado bastante en los últimos años hasta el punto de que el país se ha convertido en importador de hidrocarburos. La nacionalización de la empresa se había justificado como una forma de revitalizar la búsqueda de recursos petroleros propios en Argentina, ya que al vender el control de la misma a una multinacional del sector se tenía la esperanza de que las inversiones pertinentes podrían devolver a Argentina su condición de país no sólo autosuficiente sino exportador de hidrocarburos. Al parecer, estos recursos son muy importantes y en fecha reciente la filial de Repsol ha empezado a aflorar importantes reservas, tanto de petróleo como de gas natural.
Hay unas estimaciones que señalan que en unos años la producción argentina de hidrocarburos podría aumentar en un 50%, siempre que las inversiones necesarias, estimadas en unos 28.000 millones de dólares hasta el año 2019, fueran abordadas. Si Repsol YPF está cumpliendo o no con sus responsabilidades y con las expectativas que en su día, con motivo de la privatización, se vislumbraron, no es fácil de confirmar. Lo cierto es que el pasado año, la petrolera española ha realizado inversiones, según ha comunicado a las autoridades argentinas (la última vez en una reunión del directorio de YPF, en el que hay un representante del Gobierno), por importe superior a los 2.300 millones de dólares.
La puesta en producción del último campo descubierto, conocido como Vaca Muerta, permitiría duplicar la producción argentina de petróleo y de gas en un plazo de 10 años, lo que requerirá importantes inversiones. La cuestión, sin embargo, tal y como explica Repsol a las autoridades argentinas, no está exenta de obstáculos debido tanto a la dificultosa obtención de recursos financieros en los mercados internacionales como al acopio de todo tipo de recursos, tanto técnicos como humanos, en la industria mundial de la exploración y producción petrolera, en unos momentos en los que hay varias áreas en el mundo con programas intensivos de búsqueda de hidrocarburos. Argentina tendría que multiplicar en un breve espacio de tiempo los complejos equipos de perforación y los pozos en exploración existentes, tarea que no se presenta fácil. La industria petrolera mundial se encuentra en la actualidad ante desafíos tecnológicos considerables, ya que la extracción de hidrocarburos ha llegado a zonas en las que los métodos convencionales de recuperación ya no son posibles. El estado de agotamiento mundial de las reservas hace que la tarea extractiva sea cada día más compleja técnicamente y, por lo tanto, más costosa.
En este entorno se están moviendo últimamente las delicadas relaciones entre la compañía española, los accionistas argentinos presentes en YPF con voz y voto y las autoridades del país. Argentina vive una etapa política peculiar. Desaparecido Néstor Kirchner, su esposa Cristina ocupa la presidencia en la actualidad. Parece que a la sombra del poder han crecido algunos sectores radicales, que estarían alentando la nacionalización. Unos sectores al parecer muy vinculados al hijo de la presidenta, Máximo Kirchner. La historia de Aerolíneas parece, por lo tanto, en trance de revivirse, aunque en este caso las empresas y los intereses en juego son mucho más importantes.