Poco se ha conocido del encuentro de cuatro horas celebrado en el Palacio de la Moncloa entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, pero todo apunta a que la conversación no ha ido mal y fue “profunda” como lo declaró a la salida el secretario general del PSOE. Y ello a pesar de la discrepancia esencial sobre la reforma laboral en la que no se descartan introducir enmiendas en su tramitación como proyecto de ley, lo que de lograrse abriría un amplio campo para la colaboración entre el PSOE y el PP contra la crisis. Siguiendo el camino iniciado por el PSOE cuando ha dicho que apoyará la reforma financiera del Gobierno, mientras que una y otra parte parecen decididos a abordar en los próximos meses la renovación del Tribunal Constitucional, Defensor del Pueblo, RTVE, etc., y a colaborar en las políticas de Seguridad, Exterior, Europea y sobre el final de ETA.
Asunto este último de la mayor importancia que ayer fue objeto de un agrio debate entre la portavoz parlamentaria de UPyD, Rosa Díez, y el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, en el que la diputada Díez actuó con la misma desmesura con la que lo viene haciendo en el Parlamento desde el inicio de la legislatura hasta acusar al gobierno y al ministro de “cobardes”, porque según ella no actúan para intentar ilegalizar a Amaiur y a Bildu. Un discurso próximo a la extrema derecha, ajeno a la legalidad vigente y a las últimas sentencias del Tribunal Constitucional. Y por supuesto lejos de la realidad del anunciado por ETA fin de la violencia. La que ha sido reconocida como tal por el presidente Rajoy y por su ministro de Interior, quien ayer hizo un buen discurso y acusó a Díez, de practicar un rancio populismo oportunista y ajeno a “la dimensión política” que tiene en la actualidad el proceso del final de ETA, sin que ello suponga una renuncia o concesión alguna en los ámbitos político, policial o jurídico, como precisó el titular de Interior.
Puede que Rosa Díez piense que su “kale borroka” parlamentaria le ha dado resultados electorales en la pasada legislatura y que va a ocurrir igual con el PP al grito de España, España. Pero allá ella si quiere jugar a ser la Marine Le Pen de este país y a abandonar el centro donde los socialistas acaban de dejar un amplio espacio electoral. El fin de ETA es un objetivo hoy irrenunciable para los demócratas. Y sorprende que UPyD, donde habitan dirigentes y militantes progresistas, consientan esta actitud que, por otra parte, incluye un escandaloso “manoseo” del dolor de las víctimas de ETA, como de las del terrorismo islámico cuando Díez apoya las diatribas de los “conspiradores” del 11-M, esos medios que tanto la elogian y publicitan. Y con los que Rosa Díez quizás piensa lograr en Andalucía la llave de la gobernabilidad que pretendió inútilmente a nivel nacional. Pero aunque así fuera se equivocará en el Sur si dejara al PSOE volver a gobernar.
Los tiempos han cambiado como se aprecia en el nuevo e intenso diálogo entre Rubalcaba y Rajoy. El primero buscando legitimar su liderazgo en el PSOE y en la oposición para su larga travesía del desierto, y el presidente del Gobierno en pos de un gran pacto nacional contra la crisis sabiendo que, sin una inmensa mayoría, nuestro país difícilmente podrá salir del desesperante túnel en el que está. Puede que un pacto en torno a la reforma laboral abra la puerta a ese gran acuerdo nacional. Y puede que, en parte, esa negociación y pacto sea el objetivo final del alto listón que el Gobierno puso, como punto de partida, en la reforma laboral que en algunos aspectos convendría enmendar.