Una noticia de la agencia británica Reuters, distribuida a primeras horas de la tarde de este martes, ha producido, un auténtico terremoto político, la petición de la oposición para la comparecencia en el Parlamento del presidente del Gobierno, y un verdadero vendaval sobre la Moncloa en plena venta oficial, en Europa, de la reforma financiera y, sobre todo, de la reforma laboral.
La noticia de Reuters daba cuenta de que la Comisión Europea creía que el nuevo Gobierno había inflado las cifras de déficit de 2011 para que los datos de este año resulten más favorables. Además, según indicaron tres altos cargos de la UE a Reuters, España no está actuando con la rapidez necesaria para atajar el deterioro de las cuentas públicas, poniendo en riesgo el crecimiento del país a largo plazo, debido a cuestiones, menores como las elecciones andaluzas.
De esta forma, cuando parecía que se iniciaba el momento más dulce en las relaciones entre el Gobierno de España y la Comisión Europea, dado el total entendimiento que, según fuentes oficiales, se ha establecido entre Rajoy y la canciller Merkel e, incluso, entre Rajoy y Nicolás Sarkozy, una simple noticia filtrada desde Bruselas, introducía graves sospechas sobre el comportamiento del nuevo Gobierno.
Unas sospechas, distribuidas por la Agencia Reuters y no confirmadas en todos sus extremos, que son realmente graves, que no han tenido cumplida, contundente y razonada, respuesta oficial, y que, en Bruselas tampoco han sido desmentidlas tajantemente, por el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios Olli Rehn.
Cuando el Gobierno creía que estaba a punto de conseguir una moratoria para cumplir los objetivos comprometidos de déficit, ya que, según la doctrina oficial, era imposible pasar, en un año, de un déficit por encima del ocho por ciento, con el que el gobierno socialista, ha cerrado 2011, al 4,4 por ciento, que establece el Pacto de Estabilidad, desde Bruselas se filtran unos datos que complican y hacen, por el momento, imposible esa moratoria.
Durante las últimas semanas ha habido una auténtica carrera entre los ministros de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, de Economía y Competencia, Luis de Guindos, de Interior, Jorge Fernández Díaz, e incluso del propio presidente del Gobierno, en su primera comparecencia parlamentaria la semana pasada, por poner de manifiesto que la cifra de déficit, a la que había llegado el anterior Gobierno superaba el ocho por ciento e, incluso podría llegar al nueve, con lo cual resultaba imposible, con una economía en recesión, reducir en un solo año ese déficit al 4,4.
Frente a la tesis socialista de que el déficit se ha disparado por el comportamiento de las Comunidades Autónomas, especialmente las gobernadas por el Partido Popular con lo que el Gobierno debería tener en su poder los datos reales, el Gobierno ha venido sosteniendo que los datos que se entregaron en el traspaso de poderes no responden a la realidad, aunque reconocen que todavía no cuentan con las cifras del cierre del 2011, en poder todavía de la Intervención General del Estado.
Y ahora, es precisamente Bruselas la que, cuando tendría que felicitar al nuevo Gobierno por los primeros ajustes adoptados solo una semana después de su toma de posesión, por la reforma financiera y, por la reforma laboral, (probablemente mucho más dura de lo que creía la Comisión y el BCE ) insiste, por boca del comisario Olli Rehn que los presupuestos que se elaboren para el 2012, para los que ha pedido una mayor aceleración, se hagan con el objetivo de déficit del 4,4 por ciento, descartando de esta forma cualquier moratoria en la que venía trabajando cuidadosamente, desde su toma de posesión el Gobierno español.
Al final, de poco han servido los lamentos de Rajoy ante los primeros ministros de Finlandia y Holanda sobre su situación precaria ante los sindicatos por su empeño en cumplir sus compromisos con Bruselas, ni la actitud sumisa del ministro de Economía Luis de Guindos ante el comisario de la Competencia Olli Rehn, adelantándole solicito, que la reforma laboral iba a ser “extremadamente agresiva”.
Lo único que quieren es el cumplimiento estricto del plan de ruta, sin ningún tipo de concesión… Cueste lo que cueste.