El ritmo reformista de Mariano Rajoy y su Gobierno está siendo bastante elevado en las últimas semanas, pero en Bruselas empiezan a inquietarse por la falta de resultados. Es verdad que Rajoy no ha cumplido ni siquiera los cien días de su mandato, un primer eslabón en la toma de referencias para constatar que el recién llegado va por el buen camino. Los males económicos de la Patria son de tal amplitud y profundidad que se necesitará al menos un año para empezar a ver la luz en algunos indicadores económicos, aunque unos apremian más que otros, como es lógico. En todo caso, la gente no está dispuesta a dar muchos plazos y lo menos que le exige al recién llegado es determinación en la toma de decisiones, ya que la parsimonia con la que a veces da la impresión de que actúan los nuevos gobernantes no encaja bien con la exigencia de urgencia de los problemas.
Se suele argumentar que el Gobierno no está tomando iniciativas más agresivas (De Guindos dixit) porque el candidato andaluz a la presidencia de la Junta puede ver arruinadas sus expectativas, un paliativo que puede ser comprensible desde la óptica interna del partido gobernante en España y máximo aspirante a serlo también en Andalucía, pero que poca dosis paliativa puede proporcionarle a alguno de los millones de parados que esperan alguna respuesta a sus inquietudes.
La reforma del mercado laboral, por ejemplo, es un asunto que debería haber sido visto y no visto, es decir, una medida de emergencia en la primera semana del nuevo Gobierno. No será porque no se haya discutido hasta la saciedad el problema del marco laboral español y que hayan sido los mismos protagonistas los que se reúnen día sí, otro también, para constatar que no se avanza ni un milímetro, entre otras cosas porque las intenciones y las culturas de los bandos en presencia distan lo suficiente como para hacer inviable cualquier acuerdo, incluso cualquier aproximación. Primero se dijo que en los primeros días del año se debería producir el acuerdo entre patronal y sindicatos, luego se dijo que el día de Reyes era la fecha final para un pacto entre los agentes sociales, que siempre ha sido visto, con rara unanimidad, como deseable a cualquier decisión en la que el Gobierno dictara finalmente su punto de vista. Han pasado varios plazos más, naturalmente todos incumplidos, sin ni siquiera un acercamiento.
Al final, el texto del Gobierno, bueno o malo, se sitúa, como era de suponer, en las antípodas de lo que pretenden los sindicatos. Así llevamos años, sea socialista del Gobierno sea conservador. Valga como paliativo, que debe serlo cuando menos, el hecho de que el actual Gobierno ha salido de la voluntad ampliamente mayoritaria de las urnas y está, por lo tanto, legitimado para adoptar las decisiones que considere son más favorables para el conjunto de los ciudadanos. Además, este Gobierno tiene que responder de lo que haga, aunque sea dentro de cuatro años, cosa a la que no están nunca obligados los sindicatos, que pasan por las urnas para resolver sus liderazgos internos pero no para recibir en refrendo del conjunto de la sociedad.
Parece que en Bruselas, en donde se han pronunciado palabras de elogio para el contenido de la nueva norma, no están sin embargo satisfechos con el ritmo de implementación. De momento, el Gobierno español es un buen fabricante de “papeles”, textos legales o propuestas mejor intencionadas que eficientes. Y lo que el mundo quiere es comprobar que aquí se está produciendo de verdad un giro en la gobernación económica de la nación, so pena de abocarnos a una segunda edición de, la tragedia griega. Bruselas está crecientemente impaciente del “enfermo español”. El médico parece que sabe de curaciones, pero no ha puesto todavía su buen saber al servicio de la cura urgente del enfermo.
Este martes, Bruselas nos ha pedido con urgencia un Presupuesto para el año 2012, petición elemental porque ya ha transcurrido mes y medio y el país sigue sin Presupuesto, lo cual empieza a ser poco serio. También nos ha pasado un esquemático test de diez pruebas, en seis de las cuales estamos suspendidos o fuertemente suspendidos. Son muchos suspensos para pasar curso y que aquí no hay abandono escolar que valga, habrá que aplicarse con urgencia a arañar por lo menos aprobados en algunos de estos capítulos que forman de momento parte de nuestra mala aplicación. Seis suspensos sobre diez asignaturas son muchos suspensos.