Con que autoridad puede hacer oposición Rubalcaba, ni siquiera ante la reforma laboral del Gobierno, si no controla a su propio partido en Sevilla y su presidente nacional, Griñán, le mueve las fichas electorales por la espalda. “Ponga orden en su partido”, le pueden decir desde el Gobierno en próximas sesiones de control al Ejecutivo en el Parlamento, y no sin falta de razón.
El 38 Congreso del PSOE en Sevilla se ha cerrado en falso por falta de verdadera renovación de dirigentes (Rubalcaba y Chacón, eran ex ministros de Zapatero, ambos derrotados el 20-N) y por la ausencia de ideas y programas, ante la nueva situación española y los grandes cambios socio económicos que se han producido en Europa y el resto del mundo. El 38 Congreso tampoco sirvió para cerrar las heridas entre los dirigentes y los militantes seguidores de Felipe González y José Luís Rodríguez Zapatero, ni a título de tregua y hasta después de las elecciones andaluzas, como se acaba de ver en la crisis de la Ejecutiva provincial del PSOE en Sevilla.
Lugar donde el Comité Federal del PSOE acaba de imponer una gestora, por la dimisión de su secretario general, José Antonio Viera, tras el enfrentamiento habido entre seguidores de Chacón (próximos a Griñán) y los de Rubalcaba por el control de las listas electorales a las elecciones andaluzas del próximo 25 de marzo. Una batalla que se ha reproducido en otras provincias y revela dos cosas importantes: que el PSOE da por perdidas las elecciones andaluzas a favor del PP y sus dirigentes se pelean por los puestos seguros en las listas; y que convencidos de la derrota unos y otros se posicionan para el próximo congreso de Andalucía, en pos del control del partido en Andalucía, operación donde se adivina una posible larga mano de Chacón, a través de la dirigente sevillana Susana Díaz.
Y al fondo de todo ello, una evidente deslealtad de Griñán frente a Rubalcaba porque el presidente andaluz pudo haber evitado el enfrentamiento en Sevilla, pero se ha vuelto a poner falsamente de perfil como en el 38 Congreso cuando se declaró neutral y movió los hilos de su influencia para darle el apoyo mayoritario de la federación socialista de Andalucía a Chacón. Ahora acaba de hacer lo mismo en Sevilla, por lo que ya veremos el tiempo que le resta a Griñán como presidente del PSOE nacional, y de secretario general de Andalucía después de los comicios del Sur.
Desde luego la crisis socialista de Sevilla se suma a un cúmulo de despropósitos de los dirigentes socialistas que ya los han llevado a una dura derrota en pasadas elecciones municipales y generales, y pronto también a las autonómicas después de 30 años de gobierno en esa Comunidad, considerada el cuartel general de invierno y el semillero de votos del PSOE. Si a ello añadimos el ingente paro y el escándalo de los ERES, el panorama electoral se le presenta al PSOE andaluz como catastrófico. Y anuncia una posterior batalla por el control de su federación socialista y una nueva gran derrota en el haber de Rubalcaba, cuya autoridad quedó por los suelos en la crisis sevillana donde Griñán, su presidente del PSOE, ha sido consentidor de esa situación.
Y cuidado con el desenlace y consecuencias de la crisis sevillana porque solo le falta a Rubalcaba que Carmen Chacón se meta en este lío y en posteriores congresos regionales del partido, como los de Andalucía, Valencia y Madrid, para consolidar un grupo de oposición interna a la actual dirección nacional del PSOE, lo que tampoco habría que descartar.