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La elección de las candidaturas para los comicios andaluces, sólo una semana después de la conclusión del Congreso Federal, demostró que la tarea del nuevo secretario general es tan compleja como parecía y que la integración le costará Dios y ayuda porque sus apoyos están marcados por las batallas internas que, en el caso andaluz, son a muerte.
De momento, Rubalcaba demostró este lunes que está dispuesto a resolver los conflictos internos en base al diálogo, algo de lo que siguen desconfiando sus adversarios. Pero su “número dos”, Elena Valenciano, puso en evidencia que los tiros van por ahí al afirmar que la decisión de dimitir del secretario provincial del PSOE sevillano “la tomó él solito”, sin hablar previamente con alguien de la dirección federal.
De hecho, tras la reunión de la Ejecutiva Federal, añadió que la decisión del Comité sevillano no había sido impugnada y adelantó que el PSOE iba a crear una gestora para dirigir el partido en la provincia de Sevilla a partir de una propuesta que acordarían la dirección federal con la provincial y la regional. No dijo, sin embargo, que sería esa misma tarde, antes de que el Comité Director de Andalucía se pronunciase sobre la listas el miércoles que viene.
Unas horas después, se anunció que, por acuerdo entre la Comisión Ejecutiva Federal y la Ejecutiva Regional del PSOE en Andalucía, se había decidido nombrar una comisión gestora para dirigir el PSOE en la provincia de Sevilla tras la dimisión del secretario general. La presidirá Manuel Gracia Navarro, ex consejero de la Junta y actual vicepresidente del Parlamento andaluz. Y forman parte de ella los dos representantes del PSOE de Sevilla en la Ejecutiva Federal, Javier Fernández de los Ríos, alcalde de La Rinconada, y María José Fernández, alcaldesa de Lebrija.
De momento, como el Congreso Federal es reciente, ni se ha constituido el Comité Federal ni el federal de listas que son los que estatutariamente pueden decidir definitivamente. Y de lo único que todos están seguros es de que Griñán será el cabeza de lista sevillano y que es muy posible que Susana Díaz, su número dos como responsable de Organización, vaya detrás de él, algo que Viera había aceptado con anterioridad, aunque ahora se ignora cómo reaccionará.
Esa gestora, según fuentes de ambos bandos, es fruto de un pacto entre Rubalcaba y Griñán. El propio líder socialista, que en una rueda de prensa celebrada tras su reunión con los sindicatos se remitió a todo lo dicho por Elena Valenciano sobre el conflicto andaluz, confirmó haber hablado con Griñán en la reunión de la Ejecutiva. En el pacto alcanzado por ambos se tiene en cuenta lo que ha hecho el adversario del dirigente andaluz Gaspar Zarrías, quien ya ha marcado la pauta a seguir en la provincia de Jaén, de la que es originario y que controla personalmente. Zarrías, el defensor de Rubalcaba en Andalucía, elaboró una lista no cuestionada en la que integró en puestos de salida a dos candidatos de Griñán.
La idea de Rubalcaba es que el pacto alcanzado por Zarrías se aplique también en Sevilla y Cádiz, la provincia donde el adversario de Griñán, Luís Pizarro, ha impuesto de momento a los suyos, como Griñán en la capital andaluza. De lo que se trata, según Valenciano, es de que no haya imposiciones desde la dirección federal, algo que prometió el nuevo líder tras ser elegido en Sevilla.
Pero la apuesta es difícil porque lo que está en juego, además del sostenimiento del Gobierno autonómico, es el control futuro del partido en Andalucía. Los dos bandos son irreconciliables y, como señalaron a este diario buenos conocedores socialistas de la pugna, una vez destapada será difícil cerrarla.