Duele la sanción a Alberto Contador y han indignado los guiñoles de la televisión francesa. Creo que la exageración en la defensa del ciclista español está llevando al absurdo al pedir poco menos que se restrinja la libertad de expresión a los humoristas franceses. Si en la actuación de los guiñoles hay motivos para la querella sígase adelante. Otra cosa es repudiarlos simplemente porque no nos gusten. Si hacen afirmaciones perseguibles de oficio, querellables, no se dude en actuar, pero por encima de todo, mientras no se vulneren derechos fundamentales hay que aceptar la existencia de la libertad de expresión.
A José Luis Rodríguez Zapatero se le ha reprochado que como presidente del Gobierno se solidarizara con Contador. Hubo quien interpretó que ello podía perjudicarle dado que los jueces del TAS son muy suyos y podían interpretar su opinión como injerencia política. Ahora ha sido el recién nombrado ministro de Educación, Ciencia y Deportes, José Ignacio Wert, quien ha mostrado repudio a los guiñoles franceses, que han tomado a chacota a los deportistas españoles, y ha mostrado su apoyo a Contador. La embajada de Francia en España ya ha dado excusas. El dopaje ha pasado a ser cuestión política.
El asunto está traspasando las fronteras de lo razonable. Otros deportistas han sido castigados con anterioridad y ha habido silencio administrativo. Por ejemplo, a Roberto Heras se le desposeyó el triunfo en la Vuelta a España. El bochorno de las sanciones lo hemos sufrido con Alejandro Valverde, Ezequiel Mosquera, Alberto García, pongamos como ejemplo, y una larga lista de ciclistas y atletas que desde 1972, en los Juegos Olímpicos de Múnich, han engrosado la historia de españoles sancionados por dopaje. Ahora, ha dolido más porque desde Francia se han lanzado dardos contra la pulcritud del deporte español en muchas ocasiones. Y nos entra la reacción chovinista de recordarles que somos mejores en tenis, ciclismo, baloncesto, motociclismo y fútbol entre otras disciplinas.
Con tal alboroto casi hemos pasado por alto el hecho de que la Copa del Rey va a tener dos grandes protagonistas en la final. Barcelona y Athletic son la mejor representación del fútbol español en este torneo. La historia lo confirma.