El presidente del Gobierno es un buen parlamentario y un buen gestor y para consolidar su liderazgo tiene ante sí el desafío de la crisis económica y el paro, una empresa comparable a los trabajos de Hércules pero a la vez la oportunidad de alcanzar un triunfo sin paliativos si los ajustes y reformas que implementa dan resultados y por fin se ven esos misteriosos brotes verdes de los que nos habló, como si de un espejismo se tratara, el Ejecutivo anterior.
En lo que esté de su mano y dependa del Gobierno, Rajoy “hará lo que tenga que hacer”, como le gusta decir sin anunciar nada concreto. Pero el presidente conoce o sabe que lamentablemente no todo depende de España y su gobierno, y que hay inclemencias incontrolables que podrían echar por tierra el esfuerzo español y dejar el PP a la intemperie ¿Qué pasa si Grecia quiebra y se va del euro? He ahí, por ejemplo, una incertidumbre que pesa sobre el incierto y abrumador cielo de la UE, como las idas y venidas, por oleadas, de los ataques de los mercados.
Sin embargo el Gobierno mantiene su trepidante ritmo de ajustes y reformas -hechas en tan solo ¡50 días!, como lo subrayó Soraya Sáenz de Santamaría, en la sesión de control al Gobierno- y ahora le toca el turno a la reforma laboral, concluida la primera fase del ajuste del déficit público y la subida del IRPF y el IBI y aprobada la reforma financiera (y las nuevas fusiones bancarias que ya se verá como van y quién le pone el cascabel a Bankia/Caja Madrid).
Pero las primeras noticias que nos llegan desde el Gobierno sobre dicha reforma laboral anuncian bastos, porque el disparate de los convenios laborales en estos “tiempos del cólera del paro”, ya no pueden continuar, ni para las empresas, ni para el empleo, ni para la competitividad (o “productividad” de la que alardea Rubalcaba cuando nos habla de la “equidad”). Porque se ha acabado la fiesta – o “las cenas” que diría el líder del PP-, y por lo menos hay que intentar algo nuevo y decisivo de acuerdo con nuestro entorno de la UE.
Como por ejemplo “contratos fijos para jóvenes a tiempo parcial”, frenos al absentismo, y facilidades a las empresas en crisis o en pérdidas. Y de una forma general eso que se llama “flexibilidad” donde los convenios sectoriales y la ancestral “ultra actividad” no parecen apropiados para los tiempos que corren. Aunque también es verdad que las reformas laborales no crean empleo inmediato, como dijo ayer Rubalcaba en el Parlamento y como lo sabe Rajoy que anunció “un año malo”, recordando que los espejismos de los “brotes verdes” no se van a jalear desde el palacio de la Moncloa como ocurrió meses atrás sin que Zapatero o Salgado nos dijeran la verdad.
Ayer el debate parlamentario sobre la última cumbre europea se convirtió en debate sobre la economía española con el que Rajoy, tras pintar un negro y realista panorama, nos preparó a todos para la reforma laboral que se aprobará este viernes y para el riesgo de huelga general que ya anunció en privado -y ajeno a un micrófono abierto- ante su colega finlandés. Lo que sirvió a Rubalcaba para acusar a Rajoy de “solo decir la verdad cuando habla en privado”. Y lo que permitió a Rajoy decir, por enésima vez, que lo que daña la confianza en España es que el gobierno anterior dijera que el déficit de 2011 era del 6 % cuando en realidad es “mas del 8%”.
Un “más” que no hay manera de descifrar, aunque en Bruselas se le escuchó a Rajoy hablar de 90.000 millones (lo que supondría un déficit del 9 %), y ayer en los turnos de la réplica mencionó un ajuste de 45.000 millones para alcanzar el 4,4 % previsto para 2012, lo que significaría que el déficit de 2011 habría llegado al 8,5 %. ¿A cuando asciende de verdad ese misterioso déficit? Por ahora no se desvelará, porque el presidente guarda celosamente sus cartas ante la UE, los mercados y de cara a los Presupuestos que presentará a finales de marzo (“tras las elecciones andaluzas”, como le acusa Rubalcaba).
Pero siendo todo esto así, mientras España quiera seguir dentro del euro y alcanzar la primera velocidad de la UE el discurso de Rajoy es implacable pero inapelable: el objetivo del crecimiento y lucha contra el paro solo se puede conseguir con el ajuste del déficit y las reformas estructurales, incluida la laboral. Es cierto que estas reformas al día de hoy no garantizan brotes verdes ni la salida del túnel pero son las reglas del juego impuestas por la UE y aceptadas por España (y por el anterior gobierno del PSOE). Y de eso volvió hablar ayer Rajoy como aviso a navegantes y a los que piensan que la huelga o la conflictividad social puede frenar estas reformas que, comparadas hoy día con las griegas, son duras pero no tan dramáticas y extremas. Aunque, eso sí, deberían de merecer por parte de la UE un calendario realista y mas flexible para la convergencia fiscal de España, y sobre todo un “chorro de liquidez” si la señora Merkel empieza a entender que está jugando con fuego y con el presente y futuro de la UE.