El Athletic Club sueña con volver a pasear con la gabarra por la ría. El Fútbol Club Barcelona aspira a ganar el único trofeo que en la pasada temporada se le escapó. En Bilbao, de gran tradición copera, le han dado importancia a la nueva final. El entusiasmo de la gente al eliminar al Mirandés recordaba al de otras ocasiones en que el adversario eliminado era de mayor prestancia. No importaba que el vencido fuera de Segunda B, lo trascendente era llegar de nuevo a la final, y como hace cuatro años, contra el mismo adversario que le derrotó. Hay final con revancha incluida.
El Barcelona se quedó frustrado al perder con el Madrid el trofeo de la pasada temporada. Este campeonato, que tradicionalmente adjudicaba el titulo de Campeón de España, en los últimos años pareció perder trascendencia. Que lo ganara el Madrid, con su hinchada henchida de satisfacción, hizo conceder nueva importancia. Que la gane el Barça también será motivo de festejo en Canaletas. En Madrid se resta importancia a la Copa cuando la gana otro y lo mismo sucede en Barcelona. Para los culés fue mal trago perderla con el Madrid. Para los madridistas ha sido sorbo amargo caer en cuartos de final con los barcelonistas.
El disfrute de los bilbaínos no tiene condicionantes. No se goza por lo que significa derrotar a terceros. Los bilbaínos son casi los padres protectores de la Copa. Lo han sido desde que comenzó a disputarse.
El Barça eliminó al Valencia en el Camp Nou en partido en el que ninguno de los dos equipos pudo presumir de haber interpretado gran juego. En el Barça hubo muchos tonos grisáceos y hasta Messi malbarató algunas de sus mejores jugadas.
El Valencia salió con buen aire en los comienzos de las dos partes. Creó varias ocasiones de gol y no aprovechó ninguna. Aduriz tuvo dos y, Alba, otra. El mejor remate de Jonas lo despejó a corner Pinto.
El Valencia concedió grandes ventajas a los delanteros azulgrana. Sus dos centrales estuvieron todo el partido descentrados. Dentro del área, los valencianistas crearon más peligros contra su puerta que los propios atacantes barcelonistas.
El entrenador del Valencia tardó en hacer cambios y su tozudez en conceder titularidad a Fehouli acabó con la expulsión de éste, quien estuvo todo el partido, obtuso, difuso y profuso.