Nº 772 -  24 / V / 2012 
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OPINIÓN

Hay que leer a Dickens

Daniel Martín
 

Se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Dickens y los medios se llenan de viejos lugares comunes –el exceso de melodrama de sus novelas, su desdichada infancia, los mismos tópicos de siempre sobre las dos o tres novelas de siempre, citas de Henry James, George Bernard Shaw u Oscar Wilde, etc.– y las librerías de numerosas biografías “definitivas” sobre el escritor decimonónico.

A Dickens, no obstante, como a cualquier otro genio inmortal, la única manera de conocerle es a partir de su obra:

“Si usted le da diez libras a cualquiera de las personas que conozco, la gran mayoría le devolverá un fraude equivalente a esa cantidad; si le da mil, un fraude de mil libras; si le da diez mil, uno de diez mil. Cuanto mayor es el éxito, mayor el fraude. ¡Qué mundo tan estupendo tenemos!”.

Ando estos días disfrutando de la espléndida y carísima edición de “La pequeña Dorrit” que acaba de publicar Alba Clásica Maior. En ella Dickens, de nuevo, cuenta una intensa historia con numerosas tramas que se entrecruzan revelando el origen folletinesco de la novela. La primera impresión es que, aparte de una obra maestra, es una deliciosa y entretenida lectura muy por encima de la media.

Los dos protagonistas, Arthur Clennam y Amy Dorrit, se ven rodeados por una miríada de personajes que o bien son malvados necios o pérfidos buitres o bien son bondadosos bobos o cándidos ingenuos. El maniqueísmo dickensiano tan solo es lo más evidente de sus magníficos frescos de la sociedad victoriana: en el fondo, los personajes principales –como David Copperfield, Oliver Twist, Nell en “La tienda de antigüedades”, John Harmon en “Nuestro común amigo”, Pip en “Grandes esperanzas”, etc.– son personas normales que viven su aventura en un mundo grotesco donde todo se exagera hasta el límite con personajes, ambientes y diálogos absolutamente esperpénticos, aunque aún no hubiese nacido Valle Inclán.

Bajo toda esta presentación entre la farsa y el vodevil subyace una áspera e implacable crítica contra la sociedad inglesa contemporánea a Dickens. Escritor realista, mostró las grandes carencias, los ingentes excesos, los principales problemas de un mundo anegado de falsas apariencias y necesitado de múltiples reformas. Así, bajo su elegante prosa disfrazada de fina ironía, tras el sentimentalismo y el humor, existe un impecable y detallado retrato de los aparatos de la justicia, de la administración, de los orfanatos, un fresco fidedigno y minucioso de las injusticias sociales, de los abusos de poder, de los muy distanciados mundos de los poderosos y los menesterosos.

En “La pequeña Dorrit”, por ejemplo, aparte del retrato de la cárcel de deudores de Marshalsea, Dickens critica el Negociado de Circunloquios, una especie de oficina burocrática experta en el arte de “cómo no se deben hacer las cosas”, a saber, de impedir que ninguna reforma de progreso y riqueza salga adelante para evitar así que cambie el status quo. La oficina está dominada, desde hace siglos, por la familia Barnacle, cabeza de la administración, del gobierno de la isla.

“La de los Barnacle era una familia muy distinguida y numerosa. Se repartía por todos los Negociados y ocupaba todo tipo de cargos públicos. O bien el país debía mucho a los Barnacle o bien los Barnacle debían mucho al país. No todo el mundo estaba de acuerdo: los Barnacle tenían una opinión y el país tenía otra”.

Como sucede con todos los grandes genios literarios, Dickens es pasmosamente actual. Su crítica, muy localizada en el tiempo y en el espacio, es perfectamente trasladable a nuestros tiempos. ¡Si el 15M tuviese un ideólogo mínimamente cercano! Pero, como digo, este artículo son palabras vanas sobre un inmortal. La única manera de conocer, de celebrar a Dickens es leer cada una de sus novelas con deleite, suma atención y la mente completamente abierta.

P.S.: La literatura ya no es una cuestión nacional. En cualquiera plan de estudios mínimamente digno habría que leer, en sus versiones íntegras, cuando menos, “Grandes esperanzas” y “David Copperfield”. Lo demás es dar la espalda al pasado glorioso de nuestra cultura.

dmago2003@yahoo.es

 

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