La Unión Ciclista Internacional propuso dos años de sanción para Alberto Contador. La Federación Española, que en principio aceptada uno, finalmente, lo absolvió. El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) ha concluido sus estudios del caso castigando al ciclista español con dos años, pero al computarle los meses que en 2011 estuvo sin competir, el castigo acabará el 6 de agosto de este año. Nunca jamás se había dado un caso similar. Entre el anuncio del control positivo del Tour de 2010 por clembuterol y el castigo, han transcurrido 565 días.
Los aplazamientos para emitir el veredicto final hacían presagiar un enjuague. El TAS ha dictado una sentencia incongruente. Ha afirmado que no ha existido negligencia por parte del sancionado y, a mayor abundamiento, ha concluido que no se ha podido probar el delito. Incomprensible que en caso de duda, y más aún, de dar por no probado el caso de dopaje en las condiciones que deben llevar a al castigo habitual de dos años, se le haya aplicado. No ha existido el beneficio de la duda y lo más concreto ha sido sentenciar que el control positivo “se debe con la mayor probabilidad a un suplemento alimenticio contaminado”. Se sospecha de un medicamento, que es lo que parece decir el tribunal y se descarta la teoría de la carne contaminada. El TAS, por el contrario, ha honorado a la cabaña ovina española de la que no se puede poner en duda sobre el uso del clembuterol.
La sanción tiene carácter retroactivo y por ello los dos años se traducen en la pérdida del Tour de 2010, el Giro de 2011 y la imposibilidad de participar este año en las citadas rondas y Juegos Olímpicos. El Giro lo ganó con el consentimiento de quienes debían haber dictado sentencia y no lo hicieron a su debido tiempo. Corrió con su consentimiento y por ello resulta absurdo que le quiten el título bien ganado.
Y todo por 50 picogramos, que es algo así como la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre en términos antidopaje. La acusación sobre una posible transfusión sanguínea tampoco ha sido estimada y desechado los restos de plástico que se dijo habían aparecido en el control.
El ciclista ha sido castigado después casi dos años de incertidumbre y sufrimiento. La sentencia es para ciscarse en ella.