Nº 772 -  24 / V / 2012 
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OPINIÓN

China-Alemania, creciente idilio

Primo González
 

El creciente protagonismo económico de China en la economía global se está trasladando, como no podía ser menos, a una cada vez más palpable personalidad propia en el mundo de la diplomacia y de la política. Estos días, con ocasión de su actitud nada gregaria respecto a Occidente en cuestiones como el boicot a las compras de petróleo iraní (que China ejecuta a medio gas, aunque con el argumento de que hay una discrepancia en precios que justifica sus recortes a la hora de abastecerse en este país, al que la UE está castigando con el bloqueo comprador a causa del conflicto nuclear) o en relación con las resoluciones de Naciones Unidas condenando la masacre en Siria (China no las ha secundado), han aparecido algunas cifras sobre la creciente importancia del gran país asiático en el mundo, en las economías desarrolladas y en el control de cada vez más amplios sectores económicos de Occidente.

China habla cada vez con más voz propia y esta suele ser discrepante con la de los países hegemónicos de Occidente, ya que los intereses de China no siempre son coincidentes con los de Estados Unidos o los de la Unión Europea. Esa voz propia se asienta como parece cada vez más palpable en su creciente seguridad en la escena económica mundial, en donde sus inversiones directas están desempeñando un papel cada vez más activo, ya que lleva tres años (no hay datos concluyentes del ejercicio recién concluido) con inversiones en el exterior de cuantía próxima a los 60.000 millones de dólares. El año pasado posiblemente habrán superado este nivel, incluso con bastante holgura.

En algunos países se están planteando hacer algo frente a este creciente expansionismo económico chino con el argumento de la falta de reciprocidad y en el hecho de que la expansión china en el mundo se realiza de la mano de empresas estatales en su casi totalidad. No hay empresas privadas de cierto fuste en la que ya es la segunda economía del mundo.

La más reciente reflexión sobre las relaciones de Occidente con China ha surgido al hilo de la visita de la señora Merkel a Pekín hace unos días, una visita que se ha saldado con buenas palabras y muy pocas concesiones. Pero los analistas no dejan de valorar el hecho de que China se haya convertido ya en el primer socio comercial de Alemania, con la impresionante cifra de compras por importe de 200.000 millones de dólares en el año 2012, según las previsiones que se están manejando.

Alemania está cada vez más volcada en las ventas a China, en donde sus productos, no sólo los coches de alta cilindrada que inundan las grandes avenidas por donde discurre la nueva aristocracia china, logran importantes avances cada año, hasta el punto de que Alemania podría recuperar de forma nítida la segunda posición como gran exportador mundial que le ha arrebatado Estados Unidos. China es desde luego el líder mundial, con una cuota del orden del 12% del comercio mundial, mientras Estados Unidos y Alemania se mueven en torno al 8% ó 9%. España ha caído desde la zona del 2% en los últimos diez años hasta niveles del 1,5% de cuota mundial de las exportaciones, lo que refleja nuestra creciente pérdida de competitividad en estos últimos años.

Pero Alemania está logrando importantes avances en sus relaciones comerciales con China, reflejo de una cada vez más intensa interrelación económica, ya que junto al comercio existen masivas inversiones industriales en el país asiático. La expansión del comercio ha sido espectacular: desde el año 2008, Alemania habrá duplicado sus ventas a China si se cumplen los pronósticos de 200.000 millones de dólares exportados en el año 2012. En inversión directa, Alemania está desplazando de la primera posición, entre los inversores europeos, a Reino Unido, que ha ocupado la primera plaza en años anteriores.

Dicho de otra forma, Alemania depende en lo económico cada vez más de China y menos de sus socios de la zona euro. La vitalidad de la economía alemana en los últimos años se ha visto afectada por la crisis del euro, pero el país está saliendo a flote con mayor celeridad que el resto gracias a su fortaleza industrial y a la elevada demanda de sus productos industriales, que son la base de su exportación y de la consistencia de su mercado laboral. La tasa de paro alemana es un tercio de la española. Esta fortaleza exportadora está estrechamente ligada a su creciente relación con China, un dato a tener muy en cuenta cuando se contemplan los problemas de cohesión de la Eurozona.

 

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